Como decíamos ayer, las sensaciones de terminar un Maratón -para un tío normal como yo- son indescriptibles. Quizá, no menos inefable es haber pasado varios años en blanco, el distanciamiento sufrido, y la sensación interna de abandono, pero también de abandonado. Un tiempo en el que, principalmente gracias a mi familia, he podido comprobar que todo es relativo, que lo que hoy parece un verdadero leitmotiv, mañana puede que no tenga la menor importancia. Por que no la tiene...
Hoy, sin saber muy bien por qué, vuelvo a escribir aquí. Sin objetivo concreto. Por puro impulso. Simplemente, he recordado que este blog existe, y que puedo practicar aquí el arte -cada vez menos común- de intentar plasmar con palabras, y de la mejor manera que uno puede, algunos pensamientos e ideas, y hacerlo públicamente. Imagino que la temática, a partir de ahora, será radicalmente distinta, como lo es mi vida...
Lo dicho, ha renacido este cajón desastre, sin más pretensión de que sea abierto, de vez en cuando, por mí mismo. Queda oficialmente reinaugurado.
viernes, 11 de marzo de 2016
lunes, 30 de abril de 2012
Algo más que 42 Km. A Coruña15/04/2012
Hola a todos:
Han pasado ya unos días. Objetivo cumplido, desde luego. Mejor incluso de lo que esperaba.
Mis miedos y temores se fueron disipando a medida que transcurría la Carrera. Tanta gente, tantos compañeros y tantos amigos... que solo podría haber parado por causa de fuerza mayor (muy mayor), claro. Sería imposible reunir en unos párrafos todas las sensaciones y emociones vividas desde principios de febrero, cuando pude empezar a entrenar para este gran reto. No caben aquí, en detalle, los recuerdos de ir a recoger el dorsal el viernes, de pasar el sábado en inmejorable compañía, de despertarme oyendo el viento azotando con furia la ventana, ya el domingo. Indescriptibles los rostros de preocupación general cuando llegué a la zona de salida... Todo lo contrario que al terminar, afortunadamente.
Desde luego, he quedado en deuda con mis compañeros de fatigas en la Alameda; agradecido por las muestras de apoyo, antes, durante y después de la Carrera; muy reforzado por el resultado obtenido en condiciones tan adversas; y deseoso repetir experiencia pronto, donde sea. Dicen que no hay dos sin tres... Será entonces cuando me demuestre a mí mismo que bajar de 3 horas es realmente posible. Eso sí, habrá que entrenar más y mejor, llegar más fino a la cita, y esperar a que los elementos sean un poco más propicios para hacer mi carrera de maratón perfecta. Visto lo visto -y lo digo con todo el respeto hacia la mítica distancia- hoy no tengo duda alguna: ese día llegará.
Un abrazo.
Han pasado ya unos días. Objetivo cumplido, desde luego. Mejor incluso de lo que esperaba.
Mis miedos y temores se fueron disipando a medida que transcurría la Carrera. Tanta gente, tantos compañeros y tantos amigos... que solo podría haber parado por causa de fuerza mayor (muy mayor), claro. Sería imposible reunir en unos párrafos todas las sensaciones y emociones vividas desde principios de febrero, cuando pude empezar a entrenar para este gran reto. No caben aquí, en detalle, los recuerdos de ir a recoger el dorsal el viernes, de pasar el sábado en inmejorable compañía, de despertarme oyendo el viento azotando con furia la ventana, ya el domingo. Indescriptibles los rostros de preocupación general cuando llegué a la zona de salida... Todo lo contrario que al terminar, afortunadamente.
Desde luego, he quedado en deuda con mis compañeros de fatigas en la Alameda; agradecido por las muestras de apoyo, antes, durante y después de la Carrera; muy reforzado por el resultado obtenido en condiciones tan adversas; y deseoso repetir experiencia pronto, donde sea. Dicen que no hay dos sin tres... Será entonces cuando me demuestre a mí mismo que bajar de 3 horas es realmente posible. Eso sí, habrá que entrenar más y mejor, llegar más fino a la cita, y esperar a que los elementos sean un poco más propicios para hacer mi carrera de maratón perfecta. Visto lo visto -y lo digo con todo el respeto hacia la mítica distancia- hoy no tengo duda alguna: ese día llegará.
Un abrazo.
jueves, 9 de febrero de 2012
¿Entrenando o no?
Si me preguntan, no sabría qué contestar. Ni una cosa ni la otra, en realidad. Difícil de explicar. No sé. Aquello del cambio de rutina pasó a la historia, y con más pena que gloria. No volví a entrenar en horarios intempestivos. Y tampoco sabría razonar el porqué... ¿Estaré empezando a desvariar? (si es que antes no lo hacía). ¿Es mi vida desorganizada? ¿Me estoy dejando llevar? ¿Cómo pueden cambiar tanto las prioridades (de ocio, se entiende) de un año para otro?
Después de alguna que otra vuelta, llego a la conclusión de que no hay que darle tantas vueltas. La vida te lleva, y no se puede remar contra corriente, porque su fuerza es arrolladora. Se es mucho más feliz -creo yo- asumiendo, de forma natural, los cambios que se van produciendo en uno. ¿Será eso que llaman madurez comprender, entre otras cosas, que hoy estás aquí y mañana allá, arriba o abajo, dentro o fuera...? ¡Pues vale! ¿Cuál es el problema, entonces: no tener problemas? Ay, ay... bendito sea cada día, cada instante... en serio.
Probablemente, correr sea -de esos asuntos accesorios- lo mejor que he hecho en toda mi vida. Ahora, aprender a disfrutar cada momento, y saber valorarlo como lo que es, en su justa medida, me está proporcionando mucha paz. Espero que, después del subidón de los primeros años (que ha sido estupendo) la meseta en la que me encuentro sea lo más larga posible. Por ahora no atisbo el precipicio, el declive, el adiós. Y eso me llena, me da ganas de coger las zapatillas y darles caña, conociendo gente, compartiendo momentos, descubriendo rutas, indagando los límites físicos del yo... Genial. Y es ahora, justamente al levantar el pie del acelerador, cuando ya no me horada el alma faltar a la carrera de turno, cuando disfruto tanto del sí como del no, del todo y de la nada. Porque toda obsesión es insana, y en esta vida las aficiones no deberían pasar al primer plano nunca. La familia, los amigos, el trabajo (con el valor que ha adquirido hoy en día)... esos sí que son pilares básicos. Creo que estoy mejor que nunca en casi todos los sentidos, y... mirad: a lo mejor era antes cuando desvariaba, y cuando estaba realmente desorganizado...
Con esa calma y con esa perspectiva encaro el próximo objetivo: la maratón de La Coruña, que se celebrará el próximo 15 de abril. Os prometo, y me prometo a mí mismo, que disfrutaré de cada minuto de entrenamiento, y de cada kilómetro que corra ese día, tanto como me sea posible. De lo contrario, no merecería la pena.
Un saludo!
martes, 2 de agosto de 2011
Cambio de rutina.
Hoy puede ser un gran día (como decía la canción de Serrat), o no...
He empezado a entrenar (si es que se puede llamar así al simulacro de estos últimos meses) a las ocho de la mañana. A partir de ahora intentaré hacerlo algunos días laborables, mientras que los fines de semana es posible que lo haga a otras horas más tempestivas. Sería demasiado largo, a la par que aburrido, explicar el porqué de este cambio de rutina, pero el caso es que esto promete. Por lo menos mientras dure el "verano" (si es que se puede llamar así al simulacro de este año).
Entre tanto simulacro, ya os iré contando. Porque solo lo de hoy no hace prueba: cuarenta y siete minutos casi a ritmo de seis. Os adelanto algunas de mis primeras sensaciones:
1.- Es fundamental no mirar a los vecinos a la cara en el ascensor y el portal (corres serio peligro de volver a la cama, de inmediato).
2.- Siempre hay alguno, más loco todavía, que se levanta antes que tú para ir a correr. Me he encontrado un par. ¡Y seguro que había más por ahí! En fin, que me dio la sensación de ser de segunda o de tercera hora, tranquilamente.
3.- No es bueno girar la cabeza de forma brusca en el primer cruce. No puedo describir el brutal crujido-calambre que me produjo hacerlo. Y -todavía medio zombi- pensé para mis adentros: ¡joder!... ¡pero si aún no se me han ido las marcas de la almohada!... ¡estaré atontao!
4.- Bajar de cinco el kilómetro es una quimera, al menos hasta pasadas las nueve menos cuarto (quince segundos antes de terminar, vamos).
5.- No puedo asegurar que esto vaya a cuajar, pero tener los "deberes" hechos tan temprano me parece formidable. Y mi familia lo agradecerá, seguramente... (eso espero).
Y no me enrollo más, que tampoco es para tanto. El tiempo, como siempre, dirá...
martes, 28 de junio de 2011
Larga astenia primaveral.
No sé si es un mito o es real, pero llevo unos meses la mar de raro. El caso es que, por definición, y estando ya en verano, ¡ya se podía acabar esta puñetera fatiga o desánimo que tengo!
Llevo unos meses bastante flojillo, para qué nos vamos a engañar (tanto en los entrenamientos como en las competiciones). Lejos del punto de forma alcanzado en 2010, no me queda otra que disfrutar de lo que hay, que no es poco. Afortunadamente, pude asisitir a carreras que tengo entre mis favoritas: Coruña21, Cambados, o, muy recientemente, San Pedro de Visma. También pude debutar en pista al aire libre, en el Campeonato Gallego de Veteranos, que se celebró en Pontevedra... Etc., etc.
Mi ritmo ha bajado un poco, sí. Pero, lejos de abandonar, mi idea es aguantar y perseverar en el intento de mejora. Todo a su debido tiempo. Mientras tanto, toca ver cómo otros están en la cresta de la ola. Con envidia sana, al menos queda la alegría de verlos ahí. Algunos de ellos, incluso, después de largas lesiones... genial.
Tampoco he tenido mucha gana de actualizar el blog, de guardar cosas en él, de contarlas a quienes les puedan interesar o entretener...
Tiempos mejores vendrán, para entrenar, para competir y para escribir.
Un saludo.
jueves, 14 de abril de 2011
VIGBAY 2011
Ocho de doce. No está mal.
Es esta una de mis pruebas favoritas, y no solo por el recorrido, la organización, el ambientazo... que también. En realidad, la VigBay se ha convertido en una cita fija en mi calendario por el fin de semana que nos pasamos mi familia y yo junto a unos amigos, en Baiona. Todo un homenaje que nos damos a nuestra salud, y que culmina con esta fantástica carrera.
En lo meramente deportivo, este año he llegado peor preparado que el año pasado. A tenor de ello, decidí ser más conservador, e ir a disfrutar de un "entrenamiento" largo de domingo. La marca de 1:24:28? del año pasado era inalcanzable, y había que ser realista.
Cuando llegué a Samil casi eran las 10:00 h. Fui a tomar un café a toda prisa, y, sin calentar, me metí en el "cajón A", cuyo derecho me había ganado en la edición 2010. A pesar de salir más tranquilo que por aquel entonces (3:55 aprox.) creo que no molesté a nadie, ya que tampoco me puse en primera fila, ni mucho menos. Mi intención fue ir tenso (en torno a 4 el km) hasta que pudiese, de cara a próximas pruebas y medio maratones. Y así lo hice -más o menos- hasta el km 15 (a excepción de las cuestas), donde decidí levantar el pie hasta 4:20. a partir de ahí fue un "paseo", animando a la gente que me pasaba a riadas. Al final, tras el paso por el último Km -en el que recibí el ánimo de varios familiares y amigos- llegué a meta en 1:28:01. Sólo sprinté al final, cuando vi el crono sobre la meta, para intentar bajar de 1:28 (una tontería muy tonta), cosa que, finalmente, no conseguí. Pero bueno, quedé más que satisfecho con la marca y con las sensaciones, de todas formas.
Después de la pertinente ducha llegó, como ya es tradición, la gran churrascada. Y tras ésta el regreso a Santiago con los deberes hechos y con el buen sabor de boca que siempre dejan los fines de semana bien aprovechados. Un lujo.
Agradecer a todos los que rodean a esta carrera (organizadores, cuerpos de seguridad, servicios sanitarios, atletas, voluntarios, público...) su empeño en hacerla cada vez mejor. Ciertamente, lo estáis consiguiendo.
Y poco más. Simplemente añadir que ya estoy empezando a pensar en el año que viene... ¡a por la novena!
Nota: durante todo el recorrido me acordé muchísimo de Álvaro. Este amigo -formidable deportista y excelente persona- está empezando a correr hoy la que será, probablemente, la carrera más importante de su vida. Sé que es un ganador, que superará esta difícil prueba, y que pronto estará de vuelta en estas otras que tanto nos gustan. Lo sé. Desde aquí le mando toda mi fuerza, apoyo y ánimo.
Es esta una de mis pruebas favoritas, y no solo por el recorrido, la organización, el ambientazo... que también. En realidad, la VigBay se ha convertido en una cita fija en mi calendario por el fin de semana que nos pasamos mi familia y yo junto a unos amigos, en Baiona. Todo un homenaje que nos damos a nuestra salud, y que culmina con esta fantástica carrera.
En lo meramente deportivo, este año he llegado peor preparado que el año pasado. A tenor de ello, decidí ser más conservador, e ir a disfrutar de un "entrenamiento" largo de domingo. La marca de 1:24:28? del año pasado era inalcanzable, y había que ser realista.
Cuando llegué a Samil casi eran las 10:00 h. Fui a tomar un café a toda prisa, y, sin calentar, me metí en el "cajón A", cuyo derecho me había ganado en la edición 2010. A pesar de salir más tranquilo que por aquel entonces (3:55 aprox.) creo que no molesté a nadie, ya que tampoco me puse en primera fila, ni mucho menos. Mi intención fue ir tenso (en torno a 4 el km) hasta que pudiese, de cara a próximas pruebas y medio maratones. Y así lo hice -más o menos- hasta el km 15 (a excepción de las cuestas), donde decidí levantar el pie hasta 4:20. a partir de ahí fue un "paseo", animando a la gente que me pasaba a riadas. Al final, tras el paso por el último Km -en el que recibí el ánimo de varios familiares y amigos- llegué a meta en 1:28:01. Sólo sprinté al final, cuando vi el crono sobre la meta, para intentar bajar de 1:28 (una tontería muy tonta), cosa que, finalmente, no conseguí. Pero bueno, quedé más que satisfecho con la marca y con las sensaciones, de todas formas.
Después de la pertinente ducha llegó, como ya es tradición, la gran churrascada. Y tras ésta el regreso a Santiago con los deberes hechos y con el buen sabor de boca que siempre dejan los fines de semana bien aprovechados. Un lujo.
Agradecer a todos los que rodean a esta carrera (organizadores, cuerpos de seguridad, servicios sanitarios, atletas, voluntarios, público...) su empeño en hacerla cada vez mejor. Ciertamente, lo estáis consiguiendo.
Y poco más. Simplemente añadir que ya estoy empezando a pensar en el año que viene... ¡a por la novena!
Nota: durante todo el recorrido me acordé muchísimo de Álvaro. Este amigo -formidable deportista y excelente persona- está empezando a correr hoy la que será, probablemente, la carrera más importante de su vida. Sé que es un ganador, que superará esta difícil prueba, y que pronto estará de vuelta en estas otras que tanto nos gustan. Lo sé. Desde aquí le mando toda mi fuerza, apoyo y ánimo.
lunes, 28 de febrero de 2011
Campeonato Gallego Veteranos 2011.
Aquella mañana Mateo no dejaba de llorar. Sus gritos retumbaban en el pabellón cada vez que sonaba el pistoletazo de salida de alguna prueba. Al final de la jornada matutina, acostumbrado ya al ruido, y observando el desarrollo del Campeonato, me preguntó entre pucheros: "Papá, ¿y a tí no te dan una medalla?". Sonriendo, y con toda la ternura que pude mostrar, le contesté: "No Cariño, pero el día que me den una, te la voy a regalar por lo valiente y lo bueno que eres". Esa misma tarde, y de forma totalmente imprevista (pues era debutante en estas lides), me entregaron dos. Se ve que Mamá, que, como siempre, había estado a nuestro lado, se merecía otra...
Aviso: es posible que la medalla del 400 me la hayan dado por error. En ese caso tendría que devolverla inmediatamente (como es lógico). Espero aclarar el asunto pronto, por el bien del otro afectado, y del mío propio.
Aviso: es posible que la medalla del 400 me la hayan dado por error. En ese caso tendría que devolverla inmediatamente (como es lógico). Espero aclarar el asunto pronto, por el bien del otro afectado, y del mío propio.
martes, 8 de febrero de 2011
Maratón
Está próximo el Maratón de Sevilla, y varios amigos van a participar en esta edición con el ánimo de hacer la mejor marca posible y, sobre todo, pasarlo muy bien.
No habrá griegos ni persas en esta ocasión, y lejos queda ya el 490 a.C., pero la afrenta sigue siendo dura, casi heroica. La suerte está echada. El entrenamiento está ahí, y, salvo imprevistos, tendrá que notarse.
Me invade la envidia, por una parte, y, por otra, no me veo preparado para afrontar el reto de hacer una muy buena marca. Una vez que ya me he demostrado a mí mismo que puedo terminar la mítica distancia (Madrid, 2005), ahora estoy como aquel surfista que, sentado en su tabla, otea los límites del océano, dejando pasar buenas olas, en busca de aparezca la más idónea de entre todas ellas, y no sin riesgo de escoger mal...
Algún día llegará. No sé si en Sevilla, en Barcelona, en San Sebastián o más lejos, pero llegará. Es algo pendiente, que creo compartir con la mayoría de los que dedicamos parte de nuestras vidas a este deporte. Ya me entendéis...
Mientras tanto, ¡mucha suerte a los que van a la ciudad del Guadalquivir! Ojalá que os salga una carrera de ensueño. No esa en la que quedáis primeros, por delante de los africanos (seamos realistas), sino aquella más factible, en la que lográis la marca que queríais hacer, sin molestias ni lesiones, con una sonrisa en línea de meta...
No habrá griegos ni persas en esta ocasión, y lejos queda ya el 490 a.C., pero la afrenta sigue siendo dura, casi heroica. La suerte está echada. El entrenamiento está ahí, y, salvo imprevistos, tendrá que notarse.
Me invade la envidia, por una parte, y, por otra, no me veo preparado para afrontar el reto de hacer una muy buena marca. Una vez que ya me he demostrado a mí mismo que puedo terminar la mítica distancia (Madrid, 2005), ahora estoy como aquel surfista que, sentado en su tabla, otea los límites del océano, dejando pasar buenas olas, en busca de aparezca la más idónea de entre todas ellas, y no sin riesgo de escoger mal...
Algún día llegará. No sé si en Sevilla, en Barcelona, en San Sebastián o más lejos, pero llegará. Es algo pendiente, que creo compartir con la mayoría de los que dedicamos parte de nuestras vidas a este deporte. Ya me entendéis...
Mientras tanto, ¡mucha suerte a los que van a la ciudad del Guadalquivir! Ojalá que os salga una carrera de ensueño. No esa en la que quedáis primeros, por delante de los africanos (seamos realistas), sino aquella más factible, en la que lográis la marca que queríais hacer, sin molestias ni lesiones, con una sonrisa en línea de meta...
martes, 11 de enero de 2011
Cross de A Pobra.
Anteayer debuté en la especialidad. Como anécdota, decir que dos días antes estaba comprando las zapatillas de clavos, y no tuve ni tiempo a probarlas sobre el terreno. Y así me fui, a pelo, con unas zapas del trinque -blancas y relucientes- que cantaban sobremanera en el pinar de Cabío.
Después de los nervios iniciales (a mí el potocolo oficial y los prolegómenos de la competiciones me matan)disfruté, disfruté y disfruté como un enano: del día, del ambiente, del circuito, de la organización... hasta de la arenita de los cojones disfruté (qué bonita es para tumbarse al sol, la muy jodida).
Espero volver en años venideros, y disfrutar todavía más, si cabe, e intentar mejorar lo que se pueda. Prometo sacrificio. Al mismo tiempo, animo a aquellos que no hayan probado las mieles de este tipo de carreras a que lo hagan. Sin duda, la experiencia merece la pena.
Saludos.
Después de los nervios iniciales (a mí el potocolo oficial y los prolegómenos de la competiciones me matan)disfruté, disfruté y disfruté como un enano: del día, del ambiente, del circuito, de la organización... hasta de la arenita de los cojones disfruté (qué bonita es para tumbarse al sol, la muy jodida).
Espero volver en años venideros, y disfrutar todavía más, si cabe, e intentar mejorar lo que se pueda. Prometo sacrificio. Al mismo tiempo, animo a aquellos que no hayan probado las mieles de este tipo de carreras a que lo hagan. Sin duda, la experiencia merece la pena.
Saludos.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Nueve de nueve
Edición dos mil diez. Año Santo compostelano. Ya sé que para algunos este dato es irrelevate, pero no para mí (ni para la ciudad de Santiago en general). Recuerdo ahora, al ver la medalla que nos han dado a los valientes (los que tomamos la salida, superamos -bajo la lluvia y frente al viento- las vicisitudes del recorrido inventado para la ocasión, y llegamos a la meta más bella), que en dos mil cuatro se hizo una presea ex profeso para tamaño evento, en la que figuraban la concha y el texto que recordaban que no se trataba de un año cualquiera en Compostela.
Dos mil diez. Se va extinguiendo la poca ilusión que me queda por esta Carrera, sin freno, y a pesar de mis pesares. Y es que el poco cuidado en los detalles que la rodean, hace que muchos nos empecemos a cansar.
Poco parece importar a los políticos y a los organizadores que hayamos tenido que pagar -por primera vez en 33 ediciones-; que hayamos tenido que superar, física y mentalmente, las nuevas cuestas del recorrido accidental; que hayamos madrugado el único día del año que podemos dormir más; que hayamos aguantado el frío, la lluvia, el viento... Todo ello, aún sabiendo que recibiríamos lo de siempre: un maravilloso final de carrera, que nos intentan vender como si no pudiésemos hacerlo todos los días, como si no fuese nuestro, sino de ellos.
Sepan que la Plaza del Obradoiro y el casco antiguo de Santiago (Patrimonio de la Humanidad desde 1985) no serán suficiente el día de mañana, a poco que otros sitios se lo propongan. Menos vender lo que de por sí es de todos, y más cuidar al corredor, el estado del recorrido, etc., etc. Porque no, no nos da igual que cada año nos estén cambiando algo del circuito. Es un cachondeo, tan monumental como la propia ciudad por la que discurre.
Ayer corrí mi novena Carreira Pedestre Popular consecutiva. Quisiera llegar a 10, a 25, a 50... pero no lo veo claro. El conformismo la está devorando. Pequeños detalles la hacían única, pero están despareciendo. Por suerte, ahora hay mucho con lo que poder comparar, y la situación no es alentadora para la decana de las populares gallegas.
Esto no es más que un aviso a navegantes. Cada cual que aguante su vela. Si es así, a cambio, sostendré la mía: la de corredor fiel a una de sus carreras favoritas.
Me quedo, hoy, con lo bueno: el debut, a los treinta y ocho, de mi mujer; haber coincidido con amigos y amigas extraordinarios; haber superado la pereza; y tener nueve de nueve Pedestres, nada fácil. lejos queda ya mi primera edición en 2002. Aquella fue mi primera carrera...
Dos mil diez. Se va extinguiendo la poca ilusión que me queda por esta Carrera, sin freno, y a pesar de mis pesares. Y es que el poco cuidado en los detalles que la rodean, hace que muchos nos empecemos a cansar.
Poco parece importar a los políticos y a los organizadores que hayamos tenido que pagar -por primera vez en 33 ediciones-; que hayamos tenido que superar, física y mentalmente, las nuevas cuestas del recorrido accidental; que hayamos madrugado el único día del año que podemos dormir más; que hayamos aguantado el frío, la lluvia, el viento... Todo ello, aún sabiendo que recibiríamos lo de siempre: un maravilloso final de carrera, que nos intentan vender como si no pudiésemos hacerlo todos los días, como si no fuese nuestro, sino de ellos.
Sepan que la Plaza del Obradoiro y el casco antiguo de Santiago (Patrimonio de la Humanidad desde 1985) no serán suficiente el día de mañana, a poco que otros sitios se lo propongan. Menos vender lo que de por sí es de todos, y más cuidar al corredor, el estado del recorrido, etc., etc. Porque no, no nos da igual que cada año nos estén cambiando algo del circuito. Es un cachondeo, tan monumental como la propia ciudad por la que discurre.
Ayer corrí mi novena Carreira Pedestre Popular consecutiva. Quisiera llegar a 10, a 25, a 50... pero no lo veo claro. El conformismo la está devorando. Pequeños detalles la hacían única, pero están despareciendo. Por suerte, ahora hay mucho con lo que poder comparar, y la situación no es alentadora para la decana de las populares gallegas.
Esto no es más que un aviso a navegantes. Cada cual que aguante su vela. Si es así, a cambio, sostendré la mía: la de corredor fiel a una de sus carreras favoritas.
Me quedo, hoy, con lo bueno: el debut, a los treinta y ocho, de mi mujer; haber coincidido con amigos y amigas extraordinarios; haber superado la pereza; y tener nueve de nueve Pedestres, nada fácil. lejos queda ya mi primera edición en 2002. Aquella fue mi primera carrera...
martes, 22 de junio de 2010
Equipos
Dice el diccionario de la RAE, en una de sus acepciones sobre la palabra equipo: "En ciertos deportes, cada uno de los grupos que se disputan el triunfo". Bueno, puede ser... A mí, desde luego, me parece una definición bien escasa. Un equipo es mucho más que eso, y las tipologías son, además, muy variadas.
Hace unos meses, cuando empecé a entrenar con los CARSantiago, en cierto modo me adherí a un grupo de personas que se organizan casi como tal, a la hora de entrenar y de compartir vivencias a lo largo de la semana. Cada día disfruto más de la compañía de este grupo humano, que tanto me hace crecer como "deportista" y como persona.
Por otra parte, y como muchos sabéis, en el Circuito de de Correr en Galicia "compiten" multitud de equipos por un premio imaginario (que esta mucho más cerca de la honrilla de sus componentes, que de lo meramente material). Recuerdo, como si fuera hoy, que a través de un amigo forero fiché in extremis por "Os camisolas molladas", a principios de temporada. Escéptico al principio, me ha ido sorprendiendo cada día la interrelación generada entre los componentes de este quinteto, y con la buena onda que genera esto del running. Fonvigo, Koala36, Ex_chema, Adrián y Ferraduro, no somos personajes de un cómic de ficción, pero casi. Y, de forma asombrosa, aunamos nuestras fuerzas por un fin común que sólo está en nuestra imaginación; que tiene bastante que ver con el carácter competitivo del ser humano, pero muy poco (y ahí está lo bueno, creo yo) con la cultura materialista que invade nuestras vidas. Gozamos como niños de nuestras minúsculas proezas, compartimos experiencias, nos alentamos y aconsejamos, nos ayudamos en lo posible, y, lo que es más importante: jamás nos reprochamos nada. Vamos, que hagamos lo que hagamos es un éxito para nosotros. Simplemente genial.
Y de no tener ningún equipo hace unos meses, a tener tres, pues hace unos días recibí el alta federativa de la mano del Club Coruña Comarca. Son varios los amigos que forman parte del mismo, y espero hacer todavía más. Me hace ilusión participar en pruebas federativas (tanto en pista como en cross), y seguir exprimiendo, así, todas las posibilidades que brinda este deporte. Todavía no me he estrenado (ni siquiera tengo equipación todavía), así que poco más que contar por ahora.Otro día contaré...
Hace unos meses, cuando empecé a entrenar con los CARSantiago, en cierto modo me adherí a un grupo de personas que se organizan casi como tal, a la hora de entrenar y de compartir vivencias a lo largo de la semana. Cada día disfruto más de la compañía de este grupo humano, que tanto me hace crecer como "deportista" y como persona.
Por otra parte, y como muchos sabéis, en el Circuito de de Correr en Galicia "compiten" multitud de equipos por un premio imaginario (que esta mucho más cerca de la honrilla de sus componentes, que de lo meramente material). Recuerdo, como si fuera hoy, que a través de un amigo forero fiché in extremis por "Os camisolas molladas", a principios de temporada. Escéptico al principio, me ha ido sorprendiendo cada día la interrelación generada entre los componentes de este quinteto, y con la buena onda que genera esto del running. Fonvigo, Koala36, Ex_chema, Adrián y Ferraduro, no somos personajes de un cómic de ficción, pero casi. Y, de forma asombrosa, aunamos nuestras fuerzas por un fin común que sólo está en nuestra imaginación; que tiene bastante que ver con el carácter competitivo del ser humano, pero muy poco (y ahí está lo bueno, creo yo) con la cultura materialista que invade nuestras vidas. Gozamos como niños de nuestras minúsculas proezas, compartimos experiencias, nos alentamos y aconsejamos, nos ayudamos en lo posible, y, lo que es más importante: jamás nos reprochamos nada. Vamos, que hagamos lo que hagamos es un éxito para nosotros. Simplemente genial.
Y de no tener ningún equipo hace unos meses, a tener tres, pues hace unos días recibí el alta federativa de la mano del Club Coruña Comarca. Son varios los amigos que forman parte del mismo, y espero hacer todavía más. Me hace ilusión participar en pruebas federativas (tanto en pista como en cross), y seguir exprimiendo, así, todas las posibilidades que brinda este deporte. Todavía no me he estrenado (ni siquiera tengo equipación todavía), así que poco más que contar por ahora.Otro día contaré...
sábado, 8 de mayo de 2010
La mayor emoción
Hace unos meses, un buen amigo decidió ponerse a correr. No sé hasta qué punto pudo influir en él lo bien que se me ve desde que practico este deporte. El caso es que Álvaro -que así se llama- se fue un buen día a la tienda de deportes, se compró lo básico para empezar, y se puso a correr. Con pequeños altibajos, siempre derivados de sus circunstancias familiares y profesionales, ha ido logrando engancharse a esto. Y, como todo los runners saben, esto significa que está logrando superar la fase más difícil del proceso.
Hace apenas un mes, Montse se ha puesto también a ello. Para ella, se trata de algo más que hacer ejercicio de cara al verano. Más bien, correr se ha convertido en un reto personal que depure su cuerpo, pero sobre todo su mente. Parece que funciona. Cuántas veces me habrá acompañado ella -como fiel amiga y esposa- a las carreras. Cuántas veces se habrá empapado de las emociones que se sienten en cada prueba, por modesta que esta sea. Desde hace un par de años, ella y Mateo (nuestro hijo) me acompañan, animan y besuquean sin importarles el resultado. Entienden perfectamente lo que disfruto participando en ellas, y compartiendo con muchos colegas los kilómetros que sean.
Álvaro y Montse van por buen camino. Están pasando cada una de fases del "novato": ahogo al arrancar, preocupación excesiva por el crono, necesidad de saber el kilometraje exacto que han hecho, inquietud por cómo será su primera carrera...
Calma y paciencia, les digo, al tiempo que les animo -ahora también desde este blog- a continuar así. Van muy bien, la verdad. Ya estoy deseando verlos cruzar su primera línea de meta. Conversar con ellos en ese momento de éxtasis. Cierro los ojos y puedo imaginar esos instantes perfectamente, incluso puedo adivinar exactamente las palabras que, entre jadeos y tragos de agua, me dirán.
¡Qué emoción se siente al terminar la primera carrera! Ninguna prueba posterior, a pesar de lo mucho que se mejora con los años de entrenamiento y de los logros que se van consiguiendo, se puede comparar, ni de lejos, a esa primera vez.
Hace apenas un mes, Montse se ha puesto también a ello. Para ella, se trata de algo más que hacer ejercicio de cara al verano. Más bien, correr se ha convertido en un reto personal que depure su cuerpo, pero sobre todo su mente. Parece que funciona. Cuántas veces me habrá acompañado ella -como fiel amiga y esposa- a las carreras. Cuántas veces se habrá empapado de las emociones que se sienten en cada prueba, por modesta que esta sea. Desde hace un par de años, ella y Mateo (nuestro hijo) me acompañan, animan y besuquean sin importarles el resultado. Entienden perfectamente lo que disfruto participando en ellas, y compartiendo con muchos colegas los kilómetros que sean.
Álvaro y Montse van por buen camino. Están pasando cada una de fases del "novato": ahogo al arrancar, preocupación excesiva por el crono, necesidad de saber el kilometraje exacto que han hecho, inquietud por cómo será su primera carrera...
Calma y paciencia, les digo, al tiempo que les animo -ahora también desde este blog- a continuar así. Van muy bien, la verdad. Ya estoy deseando verlos cruzar su primera línea de meta. Conversar con ellos en ese momento de éxtasis. Cierro los ojos y puedo imaginar esos instantes perfectamente, incluso puedo adivinar exactamente las palabras que, entre jadeos y tragos de agua, me dirán.
¡Qué emoción se siente al terminar la primera carrera! Ninguna prueba posterior, a pesar de lo mucho que se mejora con los años de entrenamiento y de los logros que se van consiguiendo, se puede comparar, ni de lejos, a esa primera vez.
miércoles, 14 de abril de 2010
Vigbay 2010
De camino comentamos la última hora y media de nuestras vidas.
Nos vamos a duchar al Hotel de siempre.
Llega contento a medias. Es la tónica general. Llega con cara de agotamiento.
Espero a Javi. Sentado, escucho el intercambio de opiniones, cruces de palabras, mensajes de enhorabuena, de ánimo, de "otra vez será", de "hoy no era el día", incluso de "¡cómo me gusta el calor!". Una multitud se agolpa en el panel de resultados para ver en primicia las clasificaciones, todavía oficiosas.
Acuarius, yogur, plátano, roscón, kiwi, agua... Viandas para los "valientes".
¿Este señor se referirá a mí? Alguien jalea por megafonía "Este corredor entra como una flecha".
He mejorado mi objetivo: ¡BRAVO!
1:24:28
Gritos de ánimo para mi sprint final.
El principio del paseo marítimo indica que la meta está cerca. Queda un último esfuerzo.
Mi Mujer y mi Hijo gritándome en la puerta del Hotel (trago en seco, pues no me queda saliva).
Sabarís siempre se me hace larguísimo, parece no terminar nunca, pero hoy he regulado correctamente las fuerzas, voy bien.
Este puente indica la entrada en el último sector de la Carrera, ¡ya queda poco! ¡Vamos! ¡Voy bieeeeen! ¡Venga!
Esponjas en el suelo, multitud de gente gritando, animando, llamándome por mi nombre (gracias a la inscripción del dorsal). No cojo esponja, no quiero romper el ritmo.
La Playa se termina, por fin. Unas cheerleaders nos animan lo indecible, ¡cómo mola! ¡Gracias!
Gente parada, gente andando, gente corriendo mucho más despacio de lo habitual, jadeos, sudoraciones, dehidratación, malos pensamientos... Pienso que he hecho lo correcto al reducir velocidad en el kilómetro 5. Cada vez estoy más convencido, porque, aunque queda mucho, voy bien.
El entrenamiento se nota. He pasado la cuesta de siempre mucho más fácil de lo habitual.
Busco la velocidad de crucero que me permita llegar a los kilómetros finales de forma óptima. Intento no beber ni coger esponjas. No estoy acostumbrado y me rompe el ritmo.
¡A 3:45! Gracias, pero no. Hay que reducir la marcha. Pregunto a un conocido el ritmo que llevamos.
Las vueltas a Samil son un espectáculo. Más de 3.000 corriendo en carrusel. Me gustaría verlo desde el aire, pienso.
La gente anima con todas sus fuerzas. Amigos, familiares y público en general están entregados ante tamaño despliegue organizativo y respuesta popular.
Con esta llevamos 7. No está mal, reflexionamos. El pistoletazo de salida nos pilla por sorpresa, hablando, quitando los miedos y los nervios, deseándonos suerte los unos a los otros, despejando las últimas dudas a los primerizos...
Busco un sitio apropiado y lo menos incívico posible. Ya se sabe lo incómoda que es esa sensación. Necesito mear.
Paso de calentar más, ¿para qué? ¡Con el calor que hace! Se hace imposible correr 10 metros seguidos sin esquivar a alguien, o sin encontrar a algún colega que te haga parar a saludar.
Me lo tomo casi de golpe, no hay tiempo que perder. Pido un café solo en la cafetería de siempre.
¿Has visto, Javi? Cada año hay más gente. ¡Esto es una fiesta!
Muchas gracias por todo, le digo. Pago y deseo al chófer buen día.
En la puerta del Hotel nos espera, puntualmente, el taxista que habíamos contactado el día anterior para llevarnos a Vigo.
Últimos detalles. Repaso que llevo todo: chip, dorsal, gorra...
Los ojos se me humedecen. Escucho el "¡¡¡mano Papi!!!" de mi Hijo. Me despido de Montse y de Mateo.
Desayuno prácticamente lo mismo de todos los días. Para qué cambiar...
El buffet está repleto de cosas. Llego al comedor de la planta baja.
Cojo el ascensor. Salgo sigilosamente de la habitación 117. Procuro no despertar a nadie.
Parece que he descansado bien...
El despertador suena implacable: las 7:50 a.m.
Me acuesto pensando: ¿hará mañana tanto calor? ¿cómo plantearé la carrera? ¿conseguiré mi objetivo?
Me despido de Javi y de su familia.
Al llegar al Hotel comentamos los últimos detalles antes de retirarnos a descansar. En dos días repasamos nuestras participaciones en la Vig-Bay. Cada año sumamos anécdotas, vivencias, sensaciones, logros, decepciones, pero, sobre todo: ganas de volver.
miércoles, 31 de marzo de 2010
E-mail al CARSantiago
Enhorabuena a todos. ¡Qué grupo tan multidisciplinar y aplicado! Así da gusto.
En cuanto a mi hazaña dominical... por llamarla de alguna manera, consistió, primeramente, en perderme la cabriolada de Manuel y Mocho (¡cómo me hubiera gustado!), pero mi débil y muy tardío S.O.S. se perdió en el océano de Internet... Otro día será. Por ello, no me quedó más remedio que "montunear" solo. Y es que sí, queridos colegas, parece que finalmente he sucumbido a la llamada de la selva. Vamos, que me empieza a atraer mucho lo de los recorridos arbóreos, las cuestas interminables, los caminos inventados y el barro hasta las orejas. Puse a prueba mis piernas en las pistas del Pedroso. Subí hasta la cima por un lado, bajé por otro, volví a subir por un camino nuevo (hasta llegar al otro repetidor), y bajé por los que había subido en primer lugar, para emprender la vuelta a casa. Un total de 1:37:15.
Desde lo alto de este promontorio, como ya sabéis, se puede disfrutar de manera privilegiada, y a vista de pájaro, de la comarca compostelana (incluso más allá). Pero, por encima de esta visión, siempre desbordante en lo que a lo sensiorial se refiere, estuvieron algunas otras sensaciones. La primavera asomaba, con fuerza, en cada rincón del paisaje, y, desde mi atalaya, podía observar cómo las nubes y claros ensombrecían o alumbraban zonas de terreno de forma aleatoria y dinámica, proporcionando un auténtico espectáculo lumínico. Los pájaros (quién sabe cuáles) celebraban alegremente la llegada del solsticio. Jóvenes insectos alados -en prácticas de vuelo todavía- seguían mi chillón cortavientos con ansia desmedida. A veces, entre zonas de bosque quemado, que conformaban angustiosas hileras de troncos inertes y tiznados, se entreveían zonas frondosas y verdes pobladas de flores amarillas que, al ser bañadas por el sol, impactaban sobremanera a la vista, mostrando, presumidas, su fulgor. ¡Qué grandiosa metáfora del Mundo!, la de la vida nueva e imparable tras un paisaje de muerte y desolación...
¡Ay! ¿para qué pedís crónicas? Uno, que es sensible (y un poco cursi), se emociona y escribe lo que escribe.
Os veo mañana, donde siempre.
En cuanto a mi hazaña dominical... por llamarla de alguna manera, consistió, primeramente, en perderme la cabriolada de Manuel y Mocho (¡cómo me hubiera gustado!), pero mi débil y muy tardío S.O.S. se perdió en el océano de Internet... Otro día será. Por ello, no me quedó más remedio que "montunear" solo. Y es que sí, queridos colegas, parece que finalmente he sucumbido a la llamada de la selva. Vamos, que me empieza a atraer mucho lo de los recorridos arbóreos, las cuestas interminables, los caminos inventados y el barro hasta las orejas. Puse a prueba mis piernas en las pistas del Pedroso. Subí hasta la cima por un lado, bajé por otro, volví a subir por un camino nuevo (hasta llegar al otro repetidor), y bajé por los que había subido en primer lugar, para emprender la vuelta a casa. Un total de 1:37:15.
Desde lo alto de este promontorio, como ya sabéis, se puede disfrutar de manera privilegiada, y a vista de pájaro, de la comarca compostelana (incluso más allá). Pero, por encima de esta visión, siempre desbordante en lo que a lo sensiorial se refiere, estuvieron algunas otras sensaciones. La primavera asomaba, con fuerza, en cada rincón del paisaje, y, desde mi atalaya, podía observar cómo las nubes y claros ensombrecían o alumbraban zonas de terreno de forma aleatoria y dinámica, proporcionando un auténtico espectáculo lumínico. Los pájaros (quién sabe cuáles) celebraban alegremente la llegada del solsticio. Jóvenes insectos alados -en prácticas de vuelo todavía- seguían mi chillón cortavientos con ansia desmedida. A veces, entre zonas de bosque quemado, que conformaban angustiosas hileras de troncos inertes y tiznados, se entreveían zonas frondosas y verdes pobladas de flores amarillas que, al ser bañadas por el sol, impactaban sobremanera a la vista, mostrando, presumidas, su fulgor. ¡Qué grandiosa metáfora del Mundo!, la de la vida nueva e imparable tras un paisaje de muerte y desolación...
¡Ay! ¿para qué pedís crónicas? Uno, que es sensible (y un poco cursi), se emociona y escribe lo que escribe.
Os veo mañana, donde siempre.
Siempre quedará París...
Da gusto leer las crónicas de los compañeros de fatigas. Impresionantes, de verdad.
A continuación os dejo una mía, reciente, por si interesase a alguien. La experiencia fue memorable, creo. Urbana y solitaria, entre otras cosas.
El sábado ya había caminado unas 6 o 7 horas, callejeando por la Ciudad del Sena. Disfrutando de sus boulevares, de sus monumentos, de su gente... e intentando disfrutar al máximo el tiempo que tenía, que no era mucho. De noche, ya en el Hotel, pensé concienzudamente lo que me esperaba al despertar: los lugares que recorrería, el tiempo que precisaría para realizar el itinerario previsto, las pequeñas callejuelas que me servirían de atajo para acceder a los sitios que quería visitar...
Por fin desperté. 7:00 a.m. Desayuné con calma y abundantemente. Subí a la habitación para cambiarme de ropa, y luego me dirigí hacia la puerta del Hotel. Allí me despedí del recepcionista chino. El mismo que me había encontrado cuando llegué, el viernes. O curraba las 24 horas del día, o tenía un hermano gemelo... Me miró con cara rara cuando le expliqué a dónde pensaba llegar corriendo. Seguramente, creyó que le estaba vacilando.
Por fin salí. Mi hotel estaba en Passy, muy cerca de Trocadero. A apenas diez metros, doblando la esquina, ya se veía la Torre Eiffel. Hacía fresco, pero el ánimo podía más. Peor estará el alto Sil, pensé, acordándome de los amigos que allí estaban. Ojalá les vaya bien, deseé interiormente. Y fui cogiendo ritmo, desperezándome al mismo tiempo que lo hacía la emblemática Torre de la helada invernal.
Palais de Chaillot, Pont d´e L´éna, Torre Eiffel, Champs de Mars, École Militaire… inicio maravilloso, de ensueño. Apenas había tráfico, y la poca gente que deambulaba por la calle estaba corriendo, de manera que todos nos saludábamos con un cortés “¡bonjour!” (otro loco, pensábamos).
Les Invalides, Saint-Germain-des-Prés, Saint Sulpice, Palais du Luxembourg, Panthéon, Val de Grâce, Port Royal, Saint Jaques (esta fue la única iglesia en la que osé entrar en pantalón corto, muy poquito, y por razones obvias). De ahí a la Sorbonne, Saint Séverin (un pequeño tesoro, que encontré por azar), para llegar en apenas un minuto a Notre Dame e Ile Saint Louis. Terminada la rive gauche del Sena, me dirigí hacia Bastille (¡quién no se acuerda allí de 1789! El año que cambió el Mundo), y de ahí a la monumental plaza de la République. A través de la extensa Rue Réaumur, llegué a la Ópera de Garnier (más espectacular aún de lo que jamás había soñado). Bajé hacia le Madelaine, y aterricé en la plaza de la Concorde, con su impresionante obelisco, de refulgente remate piramidal. “Sólo” me quedaba subir Champs Elysées hasta el Arco del Triunfo. Leve cuesta arriba que uno coge con todas las ganas del mundo, cual Indurain vestido de amarillo, con la inmensa arcada triunfal al fondo, acercándose muy lentamente. Llegué, por supuesto. Fresco como una lechuga, pero con el tiempo justo para darme una ducha y dejar la habitación, pues ya eran las once menos diez. El sueño se acababa, aunque podria haber seguido horas. Bajé por la Avenue Kléber y llegué, un poco melancólico, a la plaza de Trocadero. Me despedí de la Torre Eiffel desde su magnífica y privilegiada explanada, siempre abarrotada de turistas y vendedores de souvenirs. Respiré hondo, y me prometí a mí mismo que volvería pronto a aquel lugar con Montse (desde que nos conocemos –media vida- siempre ha querido ir a París).
Entré en el Hotel, me duché rebobinando las dos horas y cuarenta minutos de recorrido, cerré la mochila, y la dejé en recepción junto con la llave. Cogí el metro y volví, por segundo día consecutivo, al Louvre. Allí me esperaba un segundo maratón, igualmente emocionante. Esto fue lo último que hice en París, emborracharme de arte hasta perder el sentido. Espero volver acompañado, como he dicho, muy pronto.
Os lo recomiendo.
A continuación os dejo una mía, reciente, por si interesase a alguien. La experiencia fue memorable, creo. Urbana y solitaria, entre otras cosas.
El sábado ya había caminado unas 6 o 7 horas, callejeando por la Ciudad del Sena. Disfrutando de sus boulevares, de sus monumentos, de su gente... e intentando disfrutar al máximo el tiempo que tenía, que no era mucho. De noche, ya en el Hotel, pensé concienzudamente lo que me esperaba al despertar: los lugares que recorrería, el tiempo que precisaría para realizar el itinerario previsto, las pequeñas callejuelas que me servirían de atajo para acceder a los sitios que quería visitar...
Por fin desperté. 7:00 a.m. Desayuné con calma y abundantemente. Subí a la habitación para cambiarme de ropa, y luego me dirigí hacia la puerta del Hotel. Allí me despedí del recepcionista chino. El mismo que me había encontrado cuando llegué, el viernes. O curraba las 24 horas del día, o tenía un hermano gemelo... Me miró con cara rara cuando le expliqué a dónde pensaba llegar corriendo. Seguramente, creyó que le estaba vacilando.
Por fin salí. Mi hotel estaba en Passy, muy cerca de Trocadero. A apenas diez metros, doblando la esquina, ya se veía la Torre Eiffel. Hacía fresco, pero el ánimo podía más. Peor estará el alto Sil, pensé, acordándome de los amigos que allí estaban. Ojalá les vaya bien, deseé interiormente. Y fui cogiendo ritmo, desperezándome al mismo tiempo que lo hacía la emblemática Torre de la helada invernal.
Palais de Chaillot, Pont d´e L´éna, Torre Eiffel, Champs de Mars, École Militaire… inicio maravilloso, de ensueño. Apenas había tráfico, y la poca gente que deambulaba por la calle estaba corriendo, de manera que todos nos saludábamos con un cortés “¡bonjour!” (otro loco, pensábamos).
Les Invalides, Saint-Germain-des-Prés, Saint Sulpice, Palais du Luxembourg, Panthéon, Val de Grâce, Port Royal, Saint Jaques (esta fue la única iglesia en la que osé entrar en pantalón corto, muy poquito, y por razones obvias). De ahí a la Sorbonne, Saint Séverin (un pequeño tesoro, que encontré por azar), para llegar en apenas un minuto a Notre Dame e Ile Saint Louis. Terminada la rive gauche del Sena, me dirigí hacia Bastille (¡quién no se acuerda allí de 1789! El año que cambió el Mundo), y de ahí a la monumental plaza de la République. A través de la extensa Rue Réaumur, llegué a la Ópera de Garnier (más espectacular aún de lo que jamás había soñado). Bajé hacia le Madelaine, y aterricé en la plaza de la Concorde, con su impresionante obelisco, de refulgente remate piramidal. “Sólo” me quedaba subir Champs Elysées hasta el Arco del Triunfo. Leve cuesta arriba que uno coge con todas las ganas del mundo, cual Indurain vestido de amarillo, con la inmensa arcada triunfal al fondo, acercándose muy lentamente. Llegué, por supuesto. Fresco como una lechuga, pero con el tiempo justo para darme una ducha y dejar la habitación, pues ya eran las once menos diez. El sueño se acababa, aunque podria haber seguido horas. Bajé por la Avenue Kléber y llegué, un poco melancólico, a la plaza de Trocadero. Me despedí de la Torre Eiffel desde su magnífica y privilegiada explanada, siempre abarrotada de turistas y vendedores de souvenirs. Respiré hondo, y me prometí a mí mismo que volvería pronto a aquel lugar con Montse (desde que nos conocemos –media vida- siempre ha querido ir a París).
Entré en el Hotel, me duché rebobinando las dos horas y cuarenta minutos de recorrido, cerré la mochila, y la dejé en recepción junto con la llave. Cogí el metro y volví, por segundo día consecutivo, al Louvre. Allí me esperaba un segundo maratón, igualmente emocionante. Esto fue lo último que hice en París, emborracharme de arte hasta perder el sentido. Espero volver acompañado, como he dicho, muy pronto.
Os lo recomiendo.
lunes, 25 de enero de 2010
Portugal, te quiero.
Una camiseta de manga larga, una de manga corta, una botella de vinho verde, una de bebida energética, otra de frutas, otra de leche con chocolate, una chocolatina, un caramelo, folletos turísticos... No, no es una cesta de Navidad, es la bolsa del corredor que nos dieron ayer en la "Meia Maratona Manuela Machado", en Viana do Castelo. No fue más que uno de los detalles que me animan a catalogar esta carrera como la mejor organizada de todas cuantas he corrido, que ya son unas cuantas.
Desde hacía meses, tenía la impresión de que esta no iba a ser una prueba más. La cálida invitación a todos los gallegos a participar en la prueba, equiparándolos en todo a la gente de casa, me sorprendió.
Inscrito a última hora, gracias a que mi "Plan A" fue cambiado de fecha (bendita casualidad), llegué allí con la familia y los compañeros del CARSantiago a disfrutar a tope de la jornada. ¡Y vaya si lo hice! Y como yo, más de dos mil personas dispuestas a participar en 3 pruebas distintas: una caminata, una mini maratón, y una medio maratón (con más de tres millares de personas inscritas).
Rápida recogida de dorsales, café solo y brevísimo calentamiento. Me quedo solo y me coloco fatal en la salida. Mi intención era llevar un ritmo de 4 min./km. y apretar al final. La realidad fue un poco peor, por la dureza del circuito y el viento que soplaba. Hasta el 10 fue una contínua subida, bastante tendida, eso sí; y hasta el 15 clavé los tiempos previstos (60'.02''). A partir de ahí todo mucho más duro de lo que pensaba. Cambio de circuito -respecto al año anterior- y últimos km. de sufrimiento y largas cuestas. Al final, 1:25:56, que queda lejos del 1:24 que quería rondar. La mala salida y la dureza mencionada hicieron que no pudiese ser. En otra ocasión...
En la memoria queda: haber rodado muchos km. junto a la mismísima Manuela Machado (y yo sin enterarme casi hasta el final. Por eso todo el mundo la conocía, y le decían "¡Embora Nela!"); los gritos de ánimo de los cientos de personas que abarrotaban las aceras y cunetas; lo bien señalizada que estaba la carrera y el avituallamiento.... Todo, absolutamente todo, de 10.
El tiempo es lo de menos, analizado fríamente. "No pasa nada. Ha estado bien...." me decía a mí mismo al terminar. Fue precisamente en ese momento cuando nos cargaron de regalos. ¡Madre mía! ¡casi hay que llevar un remolque! Todo metidito en una bolsa, gracias a Dios (y a la impecable organización). Acto seguido me encuentro unas sillas donde poder sacar el chip de la zapatilla con comodidad. Lo que no esperaba era que una voluntaria me lo quitase y que después me quisiera atar la zapatilla de nuevo: "no, por favor, ya lo hago yo", le dije". Flipante.
El tema de las duchas otro 10. Por si no eran suficientes las que estaban al lado de meta, había allí mismo un sistema de microbuses que iban hasta el pabellón de deportes, y que iban y venían con mucha frecuencia. En un abir y cerrar de ojos estaba de vuelta, duchadito y peinado.
El final de la jornada fue apoteósico: comida con los CARSantiago cerca de Valença do Miño. Un espectáculo el bacalao, las costillas, el pollo, la ensalada, las patatas, el flan y el café. Todo riquísimo. Breve parada a tomar algo en La Fortaleza y vuelta a casa.
¡Cómo me gusta Portugal! cada día más. A veces me pregunto por qué les fascina tanto España a los portugueses, teniéndolo "tó".
Saludos, mi querida y admirada Portugal.
Desde hacía meses, tenía la impresión de que esta no iba a ser una prueba más. La cálida invitación a todos los gallegos a participar en la prueba, equiparándolos en todo a la gente de casa, me sorprendió.
Inscrito a última hora, gracias a que mi "Plan A" fue cambiado de fecha (bendita casualidad), llegué allí con la familia y los compañeros del CARSantiago a disfrutar a tope de la jornada. ¡Y vaya si lo hice! Y como yo, más de dos mil personas dispuestas a participar en 3 pruebas distintas: una caminata, una mini maratón, y una medio maratón (con más de tres millares de personas inscritas).
Rápida recogida de dorsales, café solo y brevísimo calentamiento. Me quedo solo y me coloco fatal en la salida. Mi intención era llevar un ritmo de 4 min./km. y apretar al final. La realidad fue un poco peor, por la dureza del circuito y el viento que soplaba. Hasta el 10 fue una contínua subida, bastante tendida, eso sí; y hasta el 15 clavé los tiempos previstos (60'.02''). A partir de ahí todo mucho más duro de lo que pensaba. Cambio de circuito -respecto al año anterior- y últimos km. de sufrimiento y largas cuestas. Al final, 1:25:56, que queda lejos del 1:24 que quería rondar. La mala salida y la dureza mencionada hicieron que no pudiese ser. En otra ocasión...
En la memoria queda: haber rodado muchos km. junto a la mismísima Manuela Machado (y yo sin enterarme casi hasta el final. Por eso todo el mundo la conocía, y le decían "¡Embora Nela!"); los gritos de ánimo de los cientos de personas que abarrotaban las aceras y cunetas; lo bien señalizada que estaba la carrera y el avituallamiento.... Todo, absolutamente todo, de 10.
El tiempo es lo de menos, analizado fríamente. "No pasa nada. Ha estado bien...." me decía a mí mismo al terminar. Fue precisamente en ese momento cuando nos cargaron de regalos. ¡Madre mía! ¡casi hay que llevar un remolque! Todo metidito en una bolsa, gracias a Dios (y a la impecable organización). Acto seguido me encuentro unas sillas donde poder sacar el chip de la zapatilla con comodidad. Lo que no esperaba era que una voluntaria me lo quitase y que después me quisiera atar la zapatilla de nuevo: "no, por favor, ya lo hago yo", le dije". Flipante.
El tema de las duchas otro 10. Por si no eran suficientes las que estaban al lado de meta, había allí mismo un sistema de microbuses que iban hasta el pabellón de deportes, y que iban y venían con mucha frecuencia. En un abir y cerrar de ojos estaba de vuelta, duchadito y peinado.
El final de la jornada fue apoteósico: comida con los CARSantiago cerca de Valença do Miño. Un espectáculo el bacalao, las costillas, el pollo, la ensalada, las patatas, el flan y el café. Todo riquísimo. Breve parada a tomar algo en La Fortaleza y vuelta a casa.
¡Cómo me gusta Portugal! cada día más. A veces me pregunto por qué les fascina tanto España a los portugueses, teniéndolo "tó".
Saludos, mi querida y admirada Portugal.
miércoles, 13 de enero de 2010
Después del 9 viene el 10.
Empieza 2010 como terminó 2009: corriendo y corriendo sin parar. Si al final va a ser verdad esto de las adicciones...
La primera carrera del año cayó, nada menos, que en Xinzo de Limia (un sitio donde viven un carnaval loco como en Río, pero mucho más abrigaos). Y ahí sigo, haciendo medias por debajo de 4 minutos por kilómetro. Esto, que parece fácil, sólo se consigue a base de mucho trabajo y sacrificio, y lo saben bien los que, como yo, están enganchados al running.
Ahora ya está en mente la carrera de San Xiao (que aunque suene a chino es en Ferrol), y probablemente la de Moaña el día 23. Me encantaría debutar en el extranjero haciendo la media maratón de Viana do Castelo, el día 24, pero un nuevo partido del Obra me lo impide.
El año se prevé muy exigente. Las marcas que he logrado en los últimos meses han dejado el listón muy alto. Pero, sin duda, lucharé por mejorar estos registros. Tengo que ir a por el 10, despúes del 9. Pensar lo contrario sería de cobardes...
Ya iré contando.
La primera carrera del año cayó, nada menos, que en Xinzo de Limia (un sitio donde viven un carnaval loco como en Río, pero mucho más abrigaos). Y ahí sigo, haciendo medias por debajo de 4 minutos por kilómetro. Esto, que parece fácil, sólo se consigue a base de mucho trabajo y sacrificio, y lo saben bien los que, como yo, están enganchados al running.
Ahora ya está en mente la carrera de San Xiao (que aunque suene a chino es en Ferrol), y probablemente la de Moaña el día 23. Me encantaría debutar en el extranjero haciendo la media maratón de Viana do Castelo, el día 24, pero un nuevo partido del Obra me lo impide.
El año se prevé muy exigente. Las marcas que he logrado en los últimos meses han dejado el listón muy alto. Pero, sin duda, lucharé por mejorar estos registros. Tengo que ir a por el 10, despúes del 9. Pensar lo contrario sería de cobardes...
Ya iré contando.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Fin de Año.
Se acaba 2009. Personalmente, un gran año deportivo. Una treintena de carreras disputadas, y unos 3.000 km de entrenamientos tienen la culpa. Pruebas celebradas en toda Galicia, de costa a costa, y en cada una de las 4 provincias.
Desde 2003, cuando empecé, la media de carreras anual siempre era de 2 ó 3. Curioso salto cuantitativo, y, cómo no, cualitativo... Han sido varios factores los que han confluido en ello. Especialmente el aumento de días de entrenamiento (yendo muchas veces a medio día, renunciando a comer); y, últimamente, el haber encontrado un estupendo grupo de gente en la Alameda de Santiago.
Precisamente, hoy no puedo asistir a la que debiera ser la última carrera de este año: la organizada por el llamado -en tono de broma- "Centro de Alto Rendimiento de Santiago" (CARS). La razón de mi ausencia: el Obra juega en casa, y ya me perdí por culpa de otra carrera el mítico partido ante el Real Madrid, en el que David venció a Goliat en la prórroga.
En fin, que este extraordinario año también corre a ritmo vertiginoso. A ver si 2010 (Año Santo Compostelano) me trae tantas competiciones y tantas marcas personales batidas como este casi terminado 2009.
¡Feliz 2010 a todos!
Desde 2003, cuando empecé, la media de carreras anual siempre era de 2 ó 3. Curioso salto cuantitativo, y, cómo no, cualitativo... Han sido varios factores los que han confluido en ello. Especialmente el aumento de días de entrenamiento (yendo muchas veces a medio día, renunciando a comer); y, últimamente, el haber encontrado un estupendo grupo de gente en la Alameda de Santiago.
Precisamente, hoy no puedo asistir a la que debiera ser la última carrera de este año: la organizada por el llamado -en tono de broma- "Centro de Alto Rendimiento de Santiago" (CARS). La razón de mi ausencia: el Obra juega en casa, y ya me perdí por culpa de otra carrera el mítico partido ante el Real Madrid, en el que David venció a Goliat en la prórroga.
En fin, que este extraordinario año también corre a ritmo vertiginoso. A ver si 2010 (Año Santo Compostelano) me trae tantas competiciones y tantas marcas personales batidas como este casi terminado 2009.
¡Feliz 2010 a todos!
martes, 22 de diciembre de 2009
Lugo Monumental.
Monumental Lugo, como siempre. ¡Qué carrera! y ¡qué organización! Chapeau.
Mi fin de semana lucense, junto a la familia, es cada año más espectacular. Todo gracias a Victor y a Maica (familia política) que me hacen un recibimiento mejor que el que le hacen a la Selección de fútbol allá por donde va.
Las sensaciones al llegar son siempre "especiales", es decir, bajo cero. Pero tanto el calor humano como el del buen vino y la excelente comida son buenas ayudas para calentar. Recogida del dorsal después de comer (más bajo cero todavía), y tirando para casa rápidamente, que con los niños no se puede andar por ahí en esas condiciones (¡qué manidos son los niños para las excusas!...)
Antes de meterse en casa definitivamente, brindo en el bar de la esquina (de tapas caralludas) con el primo Víctor por el encuentro, por el solsticio de invierno y por lo que haga falta. Y bebo para olvidar que el Barça ha ganado un nuevo título esa misma tarde. ¡Menos mal que ya no hay más en juego este año! (y que no soy del Madrid).
Después de unas buenas pizzas, unos vinitos y un cubata, a la cama tempranito y a descansar (a pesar de la juerga que se están corriendo los vecinitos...).
La mañana amanece calurosa. En la farmacia de la esquina marca -5. Son las 9 de la mañana. Pleno día. ¿A cuánto habremos estado de madrugada? me pregunto...
Desayuno rápido, y me preparo para la batalla (más que contra el crono, contra el frío). Me abrigo todo lo que puedo, mientras me permita correr.
Mucha gente. Unos 1200 locos y locas. Una fiesta. Corredores de todas las edades y un speaker que no calla para no congelarse. La fuente de piedra -con ranas esculpidas- está llena de carámbanos. No sabe uno a dónde mirar para entrar en calor...
Comienza la carrera. las sensaciones no son malas del todo para no haber calentado apenas. La última vuelta es de lo más bonito del calendario anual, sobre la Muralla Patrimonio de la Humanidad. ¡Más de 1000 personas corriendo! ¡qué imagen!
Cruzo la línea de meta tras el último arreón y en medio de los gritos de ánimo de Montse, pasando a 3 ó 4 corredores en los últimos metros. El esfuerzo ha valido la pena: ¡he bajado casi 3 minutos el tiempo del año pasado! Me encuentro a Nicolás, está saliendo de una lesión latosa, y hoy se ha caído (tiene la rodilla hecha polvo) "a perro flaco..." me dice dolorido. Aún así ha hecho un tiempazo, como siempre.
Bolsa del corredor (sin camiseta. Menos mal que fui previsor y llevé recambio), de entrega muy bien organizada, como todo en esta carrera. Me cambio, me abrigo un poco y vuelta a casa. Ducha caliente y comidón del 15. ¡Qué bien nos trata esta familia! así da gusto...
Vuelta a casa por carretera, disfrutando del paisaje lucense (con algo de nieve en las cunetas de Palas de Rey) y escuchando Galicia en Goles, en la Radio Galega. Llegada a casa, recoger todo, pijamita y a descansar, que mañana toca curro.
Insisto, Lugo... monumental.
Mi fin de semana lucense, junto a la familia, es cada año más espectacular. Todo gracias a Victor y a Maica (familia política) que me hacen un recibimiento mejor que el que le hacen a la Selección de fútbol allá por donde va.
Las sensaciones al llegar son siempre "especiales", es decir, bajo cero. Pero tanto el calor humano como el del buen vino y la excelente comida son buenas ayudas para calentar. Recogida del dorsal después de comer (más bajo cero todavía), y tirando para casa rápidamente, que con los niños no se puede andar por ahí en esas condiciones (¡qué manidos son los niños para las excusas!...)
Antes de meterse en casa definitivamente, brindo en el bar de la esquina (de tapas caralludas) con el primo Víctor por el encuentro, por el solsticio de invierno y por lo que haga falta. Y bebo para olvidar que el Barça ha ganado un nuevo título esa misma tarde. ¡Menos mal que ya no hay más en juego este año! (y que no soy del Madrid).
Después de unas buenas pizzas, unos vinitos y un cubata, a la cama tempranito y a descansar (a pesar de la juerga que se están corriendo los vecinitos...).
La mañana amanece calurosa. En la farmacia de la esquina marca -5. Son las 9 de la mañana. Pleno día. ¿A cuánto habremos estado de madrugada? me pregunto...
Desayuno rápido, y me preparo para la batalla (más que contra el crono, contra el frío). Me abrigo todo lo que puedo, mientras me permita correr.
Mucha gente. Unos 1200 locos y locas. Una fiesta. Corredores de todas las edades y un speaker que no calla para no congelarse. La fuente de piedra -con ranas esculpidas- está llena de carámbanos. No sabe uno a dónde mirar para entrar en calor...
Comienza la carrera. las sensaciones no son malas del todo para no haber calentado apenas. La última vuelta es de lo más bonito del calendario anual, sobre la Muralla Patrimonio de la Humanidad. ¡Más de 1000 personas corriendo! ¡qué imagen!
Cruzo la línea de meta tras el último arreón y en medio de los gritos de ánimo de Montse, pasando a 3 ó 4 corredores en los últimos metros. El esfuerzo ha valido la pena: ¡he bajado casi 3 minutos el tiempo del año pasado! Me encuentro a Nicolás, está saliendo de una lesión latosa, y hoy se ha caído (tiene la rodilla hecha polvo) "a perro flaco..." me dice dolorido. Aún así ha hecho un tiempazo, como siempre.
Bolsa del corredor (sin camiseta. Menos mal que fui previsor y llevé recambio), de entrega muy bien organizada, como todo en esta carrera. Me cambio, me abrigo un poco y vuelta a casa. Ducha caliente y comidón del 15. ¡Qué bien nos trata esta familia! así da gusto...
Vuelta a casa por carretera, disfrutando del paisaje lucense (con algo de nieve en las cunetas de Palas de Rey) y escuchando Galicia en Goles, en la Radio Galega. Llegada a casa, recoger todo, pijamita y a descansar, que mañana toca curro.
Insisto, Lugo... monumental.
martes, 8 de diciembre de 2009
Valga lo que valga.
"Asociación de Veciños de Cordeiro", rezaba la placa que había a la derecha del portal. Dentro, un sin fin de gente esperaba, formando una ordenada fila, para recoger su dorsal.
La mañana había amanecido oscura, gris, triste, sin un sólo atisbo de azul. Con más pinta de estar dando comienzo una nueva jornada pasada por agua que de otra cosa. Con tales noticias, Montse y yo decidimos que lo más sensato sería dejar al pequeño Mateo dormir. Lo que ella agradeció infinitamente girándose hacia el otro lado y aferrándose a su queridísima almohada. Decididamente es lo mejor, pensé.
Subí al coche y me dirigí a Valga. en aquel momento sólo intuía el lugar exacto de la carrera, gracias a los comentarios escritos en el foro de "correrengalicia". Siguiendo las instrucciones que había leído la noche anterior llegué, de forma precisa, efectivamente, al lugar donde se celebraba la competición popular. Allí había sólo unas cuantas casas, de entre las cuales el Centro vecinal se distinguía por la intensa humareda proviniente de la hoguera donde, un par de horas más tarde, se estaría cocinando la superchurrascada que entre todos los participantes nos íbamos a zampar. Avituallamiento originalísimo, desde luego.
Y allí me planté yo. Una vez recogido el dorsal, estuve un rato afuera, entre las fumeiradas de las brasas y la que salía de la caravana de enfrente, en donde se preparaban desde perritos calientes a churros, pasando por cafés, bebidas y chuminadas varias. Todo un centro comercial ambulante. El aire se convirtió en puro al dar una decena de pasos. Todo lo que había alrededor era monte.
Un poquito de calentamiento y a salir escopetado (la gente suele salir a cuchillo en este tipo de carreras "cortas". No pude seguir a las gacelas, así que me conformé con ir a un ritmo en el que no sufrir demasiado, sobre t0d0 teniendo en cuenta que el recorrido -de casi 7 km- era tipo montaña rusa. Fue curioso ver como, a media carrera, me pasó un perro a toda leche y con su dueño atado (participaban en el canicross). Es la primera vez que me pasa un can. No sé cómo justificar este hecho, hará más series que yo... qué le voy a hacer. La llegada fue extraordinaria, unos 500 m. de bajada continua por la carretera general. ¡Qué sensación de velocidad! Misión cumplida.
Un par de palabras con un correlega y... a recibir el trofeo personal de los que no ganamos nada, que consistía en: una cocacola y un platazo de churrasco (chorizo criollo y pan incluidos) de los que hacen época. Nada de barritas energéticas o fruta, ¡qué carallo! Fundamental.
Entrega de premios, aplausos y recogida.
En casa, de vuelta, Montse y Mateo me esperaban para comer, en este día festivo, fiesta de la Inmaculada.
El año que viene vuelvo a Valga, valga lo que valga (que es mucho).
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