Una camiseta de manga larga, una de manga corta, una botella de vinho verde, una de bebida energética, otra de frutas, otra de leche con chocolate, una chocolatina, un caramelo, folletos turísticos... No, no es una cesta de Navidad, es la bolsa del corredor que nos dieron ayer en la "Meia Maratona Manuela Machado", en Viana do Castelo. No fue más que uno de los detalles que me animan a catalogar esta carrera como la mejor organizada de todas cuantas he corrido, que ya son unas cuantas.
Desde hacía meses, tenía la impresión de que esta no iba a ser una prueba más. La cálida invitación a todos los gallegos a participar en la prueba, equiparándolos en todo a la gente de casa, me sorprendió.
Inscrito a última hora, gracias a que mi "Plan A" fue cambiado de fecha (bendita casualidad), llegué allí con la familia y los compañeros del CARSantiago a disfrutar a tope de la jornada. ¡Y vaya si lo hice! Y como yo, más de dos mil personas dispuestas a participar en 3 pruebas distintas: una caminata, una mini maratón, y una medio maratón (con más de tres millares de personas inscritas).
Rápida recogida de dorsales, café solo y brevísimo calentamiento. Me quedo solo y me coloco fatal en la salida. Mi intención era llevar un ritmo de 4 min./km. y apretar al final. La realidad fue un poco peor, por la dureza del circuito y el viento que soplaba. Hasta el 10 fue una contínua subida, bastante tendida, eso sí; y hasta el 15 clavé los tiempos previstos (60'.02''). A partir de ahí todo mucho más duro de lo que pensaba. Cambio de circuito -respecto al año anterior- y últimos km. de sufrimiento y largas cuestas. Al final, 1:25:56, que queda lejos del 1:24 que quería rondar. La mala salida y la dureza mencionada hicieron que no pudiese ser. En otra ocasión...
En la memoria queda: haber rodado muchos km. junto a la mismísima Manuela Machado (y yo sin enterarme casi hasta el final. Por eso todo el mundo la conocía, y le decían "¡Embora Nela!"); los gritos de ánimo de los cientos de personas que abarrotaban las aceras y cunetas; lo bien señalizada que estaba la carrera y el avituallamiento.... Todo, absolutamente todo, de 10.
El tiempo es lo de menos, analizado fríamente. "No pasa nada. Ha estado bien...." me decía a mí mismo al terminar. Fue precisamente en ese momento cuando nos cargaron de regalos. ¡Madre mía! ¡casi hay que llevar un remolque! Todo metidito en una bolsa, gracias a Dios (y a la impecable organización). Acto seguido me encuentro unas sillas donde poder sacar el chip de la zapatilla con comodidad. Lo que no esperaba era que una voluntaria me lo quitase y que después me quisiera atar la zapatilla de nuevo: "no, por favor, ya lo hago yo", le dije". Flipante.
El tema de las duchas otro 10. Por si no eran suficientes las que estaban al lado de meta, había allí mismo un sistema de microbuses que iban hasta el pabellón de deportes, y que iban y venían con mucha frecuencia. En un abir y cerrar de ojos estaba de vuelta, duchadito y peinado.
El final de la jornada fue apoteósico: comida con los CARSantiago cerca de Valença do Miño. Un espectáculo el bacalao, las costillas, el pollo, la ensalada, las patatas, el flan y el café. Todo riquísimo. Breve parada a tomar algo en La Fortaleza y vuelta a casa.
¡Cómo me gusta Portugal! cada día más. A veces me pregunto por qué les fascina tanto España a los portugueses, teniéndolo "tó".
Saludos, mi querida y admirada Portugal.
lunes, 25 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
Después del 9 viene el 10.
Empieza 2010 como terminó 2009: corriendo y corriendo sin parar. Si al final va a ser verdad esto de las adicciones...
La primera carrera del año cayó, nada menos, que en Xinzo de Limia (un sitio donde viven un carnaval loco como en Río, pero mucho más abrigaos). Y ahí sigo, haciendo medias por debajo de 4 minutos por kilómetro. Esto, que parece fácil, sólo se consigue a base de mucho trabajo y sacrificio, y lo saben bien los que, como yo, están enganchados al running.
Ahora ya está en mente la carrera de San Xiao (que aunque suene a chino es en Ferrol), y probablemente la de Moaña el día 23. Me encantaría debutar en el extranjero haciendo la media maratón de Viana do Castelo, el día 24, pero un nuevo partido del Obra me lo impide.
El año se prevé muy exigente. Las marcas que he logrado en los últimos meses han dejado el listón muy alto. Pero, sin duda, lucharé por mejorar estos registros. Tengo que ir a por el 10, despúes del 9. Pensar lo contrario sería de cobardes...
Ya iré contando.
La primera carrera del año cayó, nada menos, que en Xinzo de Limia (un sitio donde viven un carnaval loco como en Río, pero mucho más abrigaos). Y ahí sigo, haciendo medias por debajo de 4 minutos por kilómetro. Esto, que parece fácil, sólo se consigue a base de mucho trabajo y sacrificio, y lo saben bien los que, como yo, están enganchados al running.
Ahora ya está en mente la carrera de San Xiao (que aunque suene a chino es en Ferrol), y probablemente la de Moaña el día 23. Me encantaría debutar en el extranjero haciendo la media maratón de Viana do Castelo, el día 24, pero un nuevo partido del Obra me lo impide.
El año se prevé muy exigente. Las marcas que he logrado en los últimos meses han dejado el listón muy alto. Pero, sin duda, lucharé por mejorar estos registros. Tengo que ir a por el 10, despúes del 9. Pensar lo contrario sería de cobardes...
Ya iré contando.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Fin de Año.
Se acaba 2009. Personalmente, un gran año deportivo. Una treintena de carreras disputadas, y unos 3.000 km de entrenamientos tienen la culpa. Pruebas celebradas en toda Galicia, de costa a costa, y en cada una de las 4 provincias.
Desde 2003, cuando empecé, la media de carreras anual siempre era de 2 ó 3. Curioso salto cuantitativo, y, cómo no, cualitativo... Han sido varios factores los que han confluido en ello. Especialmente el aumento de días de entrenamiento (yendo muchas veces a medio día, renunciando a comer); y, últimamente, el haber encontrado un estupendo grupo de gente en la Alameda de Santiago.
Precisamente, hoy no puedo asistir a la que debiera ser la última carrera de este año: la organizada por el llamado -en tono de broma- "Centro de Alto Rendimiento de Santiago" (CARS). La razón de mi ausencia: el Obra juega en casa, y ya me perdí por culpa de otra carrera el mítico partido ante el Real Madrid, en el que David venció a Goliat en la prórroga.
En fin, que este extraordinario año también corre a ritmo vertiginoso. A ver si 2010 (Año Santo Compostelano) me trae tantas competiciones y tantas marcas personales batidas como este casi terminado 2009.
¡Feliz 2010 a todos!
Desde 2003, cuando empecé, la media de carreras anual siempre era de 2 ó 3. Curioso salto cuantitativo, y, cómo no, cualitativo... Han sido varios factores los que han confluido en ello. Especialmente el aumento de días de entrenamiento (yendo muchas veces a medio día, renunciando a comer); y, últimamente, el haber encontrado un estupendo grupo de gente en la Alameda de Santiago.
Precisamente, hoy no puedo asistir a la que debiera ser la última carrera de este año: la organizada por el llamado -en tono de broma- "Centro de Alto Rendimiento de Santiago" (CARS). La razón de mi ausencia: el Obra juega en casa, y ya me perdí por culpa de otra carrera el mítico partido ante el Real Madrid, en el que David venció a Goliat en la prórroga.
En fin, que este extraordinario año también corre a ritmo vertiginoso. A ver si 2010 (Año Santo Compostelano) me trae tantas competiciones y tantas marcas personales batidas como este casi terminado 2009.
¡Feliz 2010 a todos!
martes, 22 de diciembre de 2009
Lugo Monumental.
Monumental Lugo, como siempre. ¡Qué carrera! y ¡qué organización! Chapeau.
Mi fin de semana lucense, junto a la familia, es cada año más espectacular. Todo gracias a Victor y a Maica (familia política) que me hacen un recibimiento mejor que el que le hacen a la Selección de fútbol allá por donde va.
Las sensaciones al llegar son siempre "especiales", es decir, bajo cero. Pero tanto el calor humano como el del buen vino y la excelente comida son buenas ayudas para calentar. Recogida del dorsal después de comer (más bajo cero todavía), y tirando para casa rápidamente, que con los niños no se puede andar por ahí en esas condiciones (¡qué manidos son los niños para las excusas!...)
Antes de meterse en casa definitivamente, brindo en el bar de la esquina (de tapas caralludas) con el primo Víctor por el encuentro, por el solsticio de invierno y por lo que haga falta. Y bebo para olvidar que el Barça ha ganado un nuevo título esa misma tarde. ¡Menos mal que ya no hay más en juego este año! (y que no soy del Madrid).
Después de unas buenas pizzas, unos vinitos y un cubata, a la cama tempranito y a descansar (a pesar de la juerga que se están corriendo los vecinitos...).
La mañana amanece calurosa. En la farmacia de la esquina marca -5. Son las 9 de la mañana. Pleno día. ¿A cuánto habremos estado de madrugada? me pregunto...
Desayuno rápido, y me preparo para la batalla (más que contra el crono, contra el frío). Me abrigo todo lo que puedo, mientras me permita correr.
Mucha gente. Unos 1200 locos y locas. Una fiesta. Corredores de todas las edades y un speaker que no calla para no congelarse. La fuente de piedra -con ranas esculpidas- está llena de carámbanos. No sabe uno a dónde mirar para entrar en calor...
Comienza la carrera. las sensaciones no son malas del todo para no haber calentado apenas. La última vuelta es de lo más bonito del calendario anual, sobre la Muralla Patrimonio de la Humanidad. ¡Más de 1000 personas corriendo! ¡qué imagen!
Cruzo la línea de meta tras el último arreón y en medio de los gritos de ánimo de Montse, pasando a 3 ó 4 corredores en los últimos metros. El esfuerzo ha valido la pena: ¡he bajado casi 3 minutos el tiempo del año pasado! Me encuentro a Nicolás, está saliendo de una lesión latosa, y hoy se ha caído (tiene la rodilla hecha polvo) "a perro flaco..." me dice dolorido. Aún así ha hecho un tiempazo, como siempre.
Bolsa del corredor (sin camiseta. Menos mal que fui previsor y llevé recambio), de entrega muy bien organizada, como todo en esta carrera. Me cambio, me abrigo un poco y vuelta a casa. Ducha caliente y comidón del 15. ¡Qué bien nos trata esta familia! así da gusto...
Vuelta a casa por carretera, disfrutando del paisaje lucense (con algo de nieve en las cunetas de Palas de Rey) y escuchando Galicia en Goles, en la Radio Galega. Llegada a casa, recoger todo, pijamita y a descansar, que mañana toca curro.
Insisto, Lugo... monumental.
Mi fin de semana lucense, junto a la familia, es cada año más espectacular. Todo gracias a Victor y a Maica (familia política) que me hacen un recibimiento mejor que el que le hacen a la Selección de fútbol allá por donde va.
Las sensaciones al llegar son siempre "especiales", es decir, bajo cero. Pero tanto el calor humano como el del buen vino y la excelente comida son buenas ayudas para calentar. Recogida del dorsal después de comer (más bajo cero todavía), y tirando para casa rápidamente, que con los niños no se puede andar por ahí en esas condiciones (¡qué manidos son los niños para las excusas!...)
Antes de meterse en casa definitivamente, brindo en el bar de la esquina (de tapas caralludas) con el primo Víctor por el encuentro, por el solsticio de invierno y por lo que haga falta. Y bebo para olvidar que el Barça ha ganado un nuevo título esa misma tarde. ¡Menos mal que ya no hay más en juego este año! (y que no soy del Madrid).
Después de unas buenas pizzas, unos vinitos y un cubata, a la cama tempranito y a descansar (a pesar de la juerga que se están corriendo los vecinitos...).
La mañana amanece calurosa. En la farmacia de la esquina marca -5. Son las 9 de la mañana. Pleno día. ¿A cuánto habremos estado de madrugada? me pregunto...
Desayuno rápido, y me preparo para la batalla (más que contra el crono, contra el frío). Me abrigo todo lo que puedo, mientras me permita correr.
Mucha gente. Unos 1200 locos y locas. Una fiesta. Corredores de todas las edades y un speaker que no calla para no congelarse. La fuente de piedra -con ranas esculpidas- está llena de carámbanos. No sabe uno a dónde mirar para entrar en calor...
Comienza la carrera. las sensaciones no son malas del todo para no haber calentado apenas. La última vuelta es de lo más bonito del calendario anual, sobre la Muralla Patrimonio de la Humanidad. ¡Más de 1000 personas corriendo! ¡qué imagen!
Cruzo la línea de meta tras el último arreón y en medio de los gritos de ánimo de Montse, pasando a 3 ó 4 corredores en los últimos metros. El esfuerzo ha valido la pena: ¡he bajado casi 3 minutos el tiempo del año pasado! Me encuentro a Nicolás, está saliendo de una lesión latosa, y hoy se ha caído (tiene la rodilla hecha polvo) "a perro flaco..." me dice dolorido. Aún así ha hecho un tiempazo, como siempre.
Bolsa del corredor (sin camiseta. Menos mal que fui previsor y llevé recambio), de entrega muy bien organizada, como todo en esta carrera. Me cambio, me abrigo un poco y vuelta a casa. Ducha caliente y comidón del 15. ¡Qué bien nos trata esta familia! así da gusto...
Vuelta a casa por carretera, disfrutando del paisaje lucense (con algo de nieve en las cunetas de Palas de Rey) y escuchando Galicia en Goles, en la Radio Galega. Llegada a casa, recoger todo, pijamita y a descansar, que mañana toca curro.
Insisto, Lugo... monumental.
martes, 8 de diciembre de 2009
Valga lo que valga.
"Asociación de Veciños de Cordeiro", rezaba la placa que había a la derecha del portal. Dentro, un sin fin de gente esperaba, formando una ordenada fila, para recoger su dorsal.
La mañana había amanecido oscura, gris, triste, sin un sólo atisbo de azul. Con más pinta de estar dando comienzo una nueva jornada pasada por agua que de otra cosa. Con tales noticias, Montse y yo decidimos que lo más sensato sería dejar al pequeño Mateo dormir. Lo que ella agradeció infinitamente girándose hacia el otro lado y aferrándose a su queridísima almohada. Decididamente es lo mejor, pensé.
Subí al coche y me dirigí a Valga. en aquel momento sólo intuía el lugar exacto de la carrera, gracias a los comentarios escritos en el foro de "correrengalicia". Siguiendo las instrucciones que había leído la noche anterior llegué, de forma precisa, efectivamente, al lugar donde se celebraba la competición popular. Allí había sólo unas cuantas casas, de entre las cuales el Centro vecinal se distinguía por la intensa humareda proviniente de la hoguera donde, un par de horas más tarde, se estaría cocinando la superchurrascada que entre todos los participantes nos íbamos a zampar. Avituallamiento originalísimo, desde luego.
Y allí me planté yo. Una vez recogido el dorsal, estuve un rato afuera, entre las fumeiradas de las brasas y la que salía de la caravana de enfrente, en donde se preparaban desde perritos calientes a churros, pasando por cafés, bebidas y chuminadas varias. Todo un centro comercial ambulante. El aire se convirtió en puro al dar una decena de pasos. Todo lo que había alrededor era monte.
Un poquito de calentamiento y a salir escopetado (la gente suele salir a cuchillo en este tipo de carreras "cortas". No pude seguir a las gacelas, así que me conformé con ir a un ritmo en el que no sufrir demasiado, sobre t0d0 teniendo en cuenta que el recorrido -de casi 7 km- era tipo montaña rusa. Fue curioso ver como, a media carrera, me pasó un perro a toda leche y con su dueño atado (participaban en el canicross). Es la primera vez que me pasa un can. No sé cómo justificar este hecho, hará más series que yo... qué le voy a hacer. La llegada fue extraordinaria, unos 500 m. de bajada continua por la carretera general. ¡Qué sensación de velocidad! Misión cumplida.
Un par de palabras con un correlega y... a recibir el trofeo personal de los que no ganamos nada, que consistía en: una cocacola y un platazo de churrasco (chorizo criollo y pan incluidos) de los que hacen época. Nada de barritas energéticas o fruta, ¡qué carallo! Fundamental.
Entrega de premios, aplausos y recogida.
En casa, de vuelta, Montse y Mateo me esperaban para comer, en este día festivo, fiesta de la Inmaculada.
El año que viene vuelvo a Valga, valga lo que valga (que es mucho).
domingo, 6 de diciembre de 2009
Lluvia.
"Sopla Nordeste en la Ría y una vez más, esperaré que los días quieran cambiar..." Así empieza la famosa canción de los Limones titulada "Lluvia", que tantas veces he cantado (por cierto, drante mi juventud, en la misma Ría a la que siempre se refieren Santi Santos y compañía: Ferrol). Ahora también lo hago, de vez en cuando; sin ver el mar, pero con su olor y sonido gabados en mi cabeza de forma indeleble.
Hoy "Chove en Santiago" (como dice otra canción más galaica). Cuentan algunos que los millones de gotas gotas que caen aquí al día son arte. ¡Hay que ver cuánto arte tenemos últimamente!
Encerrado en casa, junto a la familia, se está bien, muy bien. Pero me hace falta un poquito de tregua para que podamos dar un paseito, y para echar yo una carrerita, más tarde. Necesito que me dé el aire y entrenar, que este martes festivo (día de la Inmaculada), hay carrera. Y el próximo domingo otra, para mí más importante: el "Memorial Adolfo Ros, Volta á Ría". Sí, esa misma a la que cantaba el mítico grupo ferrolano del que hablaba antes, y con esa misma lluvia que inunda tantos días nuestra Galicia.
Pues nada, a ver si escampa y puedo cantar de una vez otro gran tema limonero: "Sun".
Hoy "Chove en Santiago" (como dice otra canción más galaica). Cuentan algunos que los millones de gotas gotas que caen aquí al día son arte. ¡Hay que ver cuánto arte tenemos últimamente!
Encerrado en casa, junto a la familia, se está bien, muy bien. Pero me hace falta un poquito de tregua para que podamos dar un paseito, y para echar yo una carrerita, más tarde. Necesito que me dé el aire y entrenar, que este martes festivo (día de la Inmaculada), hay carrera. Y el próximo domingo otra, para mí más importante: el "Memorial Adolfo Ros, Volta á Ría". Sí, esa misma a la que cantaba el mítico grupo ferrolano del que hablaba antes, y con esa misma lluvia que inunda tantos días nuestra Galicia.
Pues nada, a ver si escampa y puedo cantar de una vez otro gran tema limonero: "Sun".
jueves, 3 de diciembre de 2009
Buenas compañías.
Entrenamiento duro el que me espera hoy junto a mis compañeros de fatigas. Una Alameda otoñal, fría, desapacible y más melancólica que de costumbre será, por no variar, el lugar de encuentro. A pesar de ello, sigue siendo un lugar privilegiado para correr (en contra de los extraños intereses de los mandatarios municipales). Eso de enfilar en cada vuelta la recta del "Paseo de los Leones", con la imponente fachada del Obradoiro a un lado, es algo indescriptible. A veces me parece, en ese tipo de situaciones, estar soñando.
Además de las intensas lluvias, empieza a notarse el frío. El invierno está próximo. Pero la meteorología no es capaz, en ningún caso, de abatir nuestro ánimo. No sólo por el magnífico escenario, sino también por el grupo humano que allí nos juntamos. Tiramos los unos de los otros como si nos fuese la vida en ello. Unos días series, otros rodajes, otros cambios de ritmos, otros cuestas... Las semanas pasan y el cuerpo va asimilando el trabajo, a base de disciplina espartana. Y cuando a uno le puede el cansancio, la gripe o un dolorcillo molesto, los demás están ahí para animarle y hacerlo volar. Cuánto se agradece tener a un Arturo, un Manuel, un Christian, un Ángel, una Marina, etc., etc., al lado...
Gran deporte este. Y grandes personajes anónimos los que surcan los caminos de los parques, aceras, carreteras, tartanes... invadiendo paisajes y venciendo a la pereza día tras día. Compañerismo extremo, del que no abunda en este mundo tan egoísta. La competencia se reduce, en la mayoría de los casos, a luchar contra uno mismo, contra sus limitaciones y sus miedos...
Ya lo decía mi buen amigo Póstol, cuando me enganchó a esto de correr: "Solo se va bien, pero ¡qué bien se va acompañado! Nada que ver".
Pues eso, que allá voy...
Además de las intensas lluvias, empieza a notarse el frío. El invierno está próximo. Pero la meteorología no es capaz, en ningún caso, de abatir nuestro ánimo. No sólo por el magnífico escenario, sino también por el grupo humano que allí nos juntamos. Tiramos los unos de los otros como si nos fuese la vida en ello. Unos días series, otros rodajes, otros cambios de ritmos, otros cuestas... Las semanas pasan y el cuerpo va asimilando el trabajo, a base de disciplina espartana. Y cuando a uno le puede el cansancio, la gripe o un dolorcillo molesto, los demás están ahí para animarle y hacerlo volar. Cuánto se agradece tener a un Arturo, un Manuel, un Christian, un Ángel, una Marina, etc., etc., al lado...
Gran deporte este. Y grandes personajes anónimos los que surcan los caminos de los parques, aceras, carreteras, tartanes... invadiendo paisajes y venciendo a la pereza día tras día. Compañerismo extremo, del que no abunda en este mundo tan egoísta. La competencia se reduce, en la mayoría de los casos, a luchar contra uno mismo, contra sus limitaciones y sus miedos...
Ya lo decía mi buen amigo Póstol, cuando me enganchó a esto de correr: "Solo se va bien, pero ¡qué bien se va acompañado! Nada que ver".
Pues eso, que allá voy...
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