Está próximo el Maratón de Sevilla, y varios amigos van a participar en esta edición con el ánimo de hacer la mejor marca posible y, sobre todo, pasarlo muy bien.
No habrá griegos ni persas en esta ocasión, y lejos queda ya el 490 a.C., pero la afrenta sigue siendo dura, casi heroica. La suerte está echada. El entrenamiento está ahí, y, salvo imprevistos, tendrá que notarse.
Me invade la envidia, por una parte, y, por otra, no me veo preparado para afrontar el reto de hacer una muy buena marca. Una vez que ya me he demostrado a mí mismo que puedo terminar la mítica distancia (Madrid, 2005), ahora estoy como aquel surfista que, sentado en su tabla, otea los límites del océano, dejando pasar buenas olas, en busca de aparezca la más idónea de entre todas ellas, y no sin riesgo de escoger mal...
Algún día llegará. No sé si en Sevilla, en Barcelona, en San Sebastián o más lejos, pero llegará. Es algo pendiente, que creo compartir con la mayoría de los que dedicamos parte de nuestras vidas a este deporte. Ya me entendéis...
Mientras tanto, ¡mucha suerte a los que van a la ciudad del Guadalquivir! Ojalá que os salga una carrera de ensueño. No esa en la que quedáis primeros, por delante de los africanos (seamos realistas), sino aquella más factible, en la que lográis la marca que queríais hacer, sin molestias ni lesiones, con una sonrisa en línea de meta...
martes, 8 de febrero de 2011
martes, 11 de enero de 2011
Cross de A Pobra.
Anteayer debuté en la especialidad. Como anécdota, decir que dos días antes estaba comprando las zapatillas de clavos, y no tuve ni tiempo a probarlas sobre el terreno. Y así me fui, a pelo, con unas zapas del trinque -blancas y relucientes- que cantaban sobremanera en el pinar de Cabío.
Después de los nervios iniciales (a mí el potocolo oficial y los prolegómenos de la competiciones me matan)disfruté, disfruté y disfruté como un enano: del día, del ambiente, del circuito, de la organización... hasta de la arenita de los cojones disfruté (qué bonita es para tumbarse al sol, la muy jodida).
Espero volver en años venideros, y disfrutar todavía más, si cabe, e intentar mejorar lo que se pueda. Prometo sacrificio. Al mismo tiempo, animo a aquellos que no hayan probado las mieles de este tipo de carreras a que lo hagan. Sin duda, la experiencia merece la pena.
Saludos.
Después de los nervios iniciales (a mí el potocolo oficial y los prolegómenos de la competiciones me matan)disfruté, disfruté y disfruté como un enano: del día, del ambiente, del circuito, de la organización... hasta de la arenita de los cojones disfruté (qué bonita es para tumbarse al sol, la muy jodida).
Espero volver en años venideros, y disfrutar todavía más, si cabe, e intentar mejorar lo que se pueda. Prometo sacrificio. Al mismo tiempo, animo a aquellos que no hayan probado las mieles de este tipo de carreras a que lo hagan. Sin duda, la experiencia merece la pena.
Saludos.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Nueve de nueve
Edición dos mil diez. Año Santo compostelano. Ya sé que para algunos este dato es irrelevate, pero no para mí (ni para la ciudad de Santiago en general). Recuerdo ahora, al ver la medalla que nos han dado a los valientes (los que tomamos la salida, superamos -bajo la lluvia y frente al viento- las vicisitudes del recorrido inventado para la ocasión, y llegamos a la meta más bella), que en dos mil cuatro se hizo una presea ex profeso para tamaño evento, en la que figuraban la concha y el texto que recordaban que no se trataba de un año cualquiera en Compostela.
Dos mil diez. Se va extinguiendo la poca ilusión que me queda por esta Carrera, sin freno, y a pesar de mis pesares. Y es que el poco cuidado en los detalles que la rodean, hace que muchos nos empecemos a cansar.
Poco parece importar a los políticos y a los organizadores que hayamos tenido que pagar -por primera vez en 33 ediciones-; que hayamos tenido que superar, física y mentalmente, las nuevas cuestas del recorrido accidental; que hayamos madrugado el único día del año que podemos dormir más; que hayamos aguantado el frío, la lluvia, el viento... Todo ello, aún sabiendo que recibiríamos lo de siempre: un maravilloso final de carrera, que nos intentan vender como si no pudiésemos hacerlo todos los días, como si no fuese nuestro, sino de ellos.
Sepan que la Plaza del Obradoiro y el casco antiguo de Santiago (Patrimonio de la Humanidad desde 1985) no serán suficiente el día de mañana, a poco que otros sitios se lo propongan. Menos vender lo que de por sí es de todos, y más cuidar al corredor, el estado del recorrido, etc., etc. Porque no, no nos da igual que cada año nos estén cambiando algo del circuito. Es un cachondeo, tan monumental como la propia ciudad por la que discurre.
Ayer corrí mi novena Carreira Pedestre Popular consecutiva. Quisiera llegar a 10, a 25, a 50... pero no lo veo claro. El conformismo la está devorando. Pequeños detalles la hacían única, pero están despareciendo. Por suerte, ahora hay mucho con lo que poder comparar, y la situación no es alentadora para la decana de las populares gallegas.
Esto no es más que un aviso a navegantes. Cada cual que aguante su vela. Si es así, a cambio, sostendré la mía: la de corredor fiel a una de sus carreras favoritas.
Me quedo, hoy, con lo bueno: el debut, a los treinta y ocho, de mi mujer; haber coincidido con amigos y amigas extraordinarios; haber superado la pereza; y tener nueve de nueve Pedestres, nada fácil. lejos queda ya mi primera edición en 2002. Aquella fue mi primera carrera...
Dos mil diez. Se va extinguiendo la poca ilusión que me queda por esta Carrera, sin freno, y a pesar de mis pesares. Y es que el poco cuidado en los detalles que la rodean, hace que muchos nos empecemos a cansar.
Poco parece importar a los políticos y a los organizadores que hayamos tenido que pagar -por primera vez en 33 ediciones-; que hayamos tenido que superar, física y mentalmente, las nuevas cuestas del recorrido accidental; que hayamos madrugado el único día del año que podemos dormir más; que hayamos aguantado el frío, la lluvia, el viento... Todo ello, aún sabiendo que recibiríamos lo de siempre: un maravilloso final de carrera, que nos intentan vender como si no pudiésemos hacerlo todos los días, como si no fuese nuestro, sino de ellos.
Sepan que la Plaza del Obradoiro y el casco antiguo de Santiago (Patrimonio de la Humanidad desde 1985) no serán suficiente el día de mañana, a poco que otros sitios se lo propongan. Menos vender lo que de por sí es de todos, y más cuidar al corredor, el estado del recorrido, etc., etc. Porque no, no nos da igual que cada año nos estén cambiando algo del circuito. Es un cachondeo, tan monumental como la propia ciudad por la que discurre.
Ayer corrí mi novena Carreira Pedestre Popular consecutiva. Quisiera llegar a 10, a 25, a 50... pero no lo veo claro. El conformismo la está devorando. Pequeños detalles la hacían única, pero están despareciendo. Por suerte, ahora hay mucho con lo que poder comparar, y la situación no es alentadora para la decana de las populares gallegas.
Esto no es más que un aviso a navegantes. Cada cual que aguante su vela. Si es así, a cambio, sostendré la mía: la de corredor fiel a una de sus carreras favoritas.
Me quedo, hoy, con lo bueno: el debut, a los treinta y ocho, de mi mujer; haber coincidido con amigos y amigas extraordinarios; haber superado la pereza; y tener nueve de nueve Pedestres, nada fácil. lejos queda ya mi primera edición en 2002. Aquella fue mi primera carrera...
martes, 22 de junio de 2010
Equipos
Dice el diccionario de la RAE, en una de sus acepciones sobre la palabra equipo: "En ciertos deportes, cada uno de los grupos que se disputan el triunfo". Bueno, puede ser... A mí, desde luego, me parece una definición bien escasa. Un equipo es mucho más que eso, y las tipologías son, además, muy variadas.
Hace unos meses, cuando empecé a entrenar con los CARSantiago, en cierto modo me adherí a un grupo de personas que se organizan casi como tal, a la hora de entrenar y de compartir vivencias a lo largo de la semana. Cada día disfruto más de la compañía de este grupo humano, que tanto me hace crecer como "deportista" y como persona.
Por otra parte, y como muchos sabéis, en el Circuito de de Correr en Galicia "compiten" multitud de equipos por un premio imaginario (que esta mucho más cerca de la honrilla de sus componentes, que de lo meramente material). Recuerdo, como si fuera hoy, que a través de un amigo forero fiché in extremis por "Os camisolas molladas", a principios de temporada. Escéptico al principio, me ha ido sorprendiendo cada día la interrelación generada entre los componentes de este quinteto, y con la buena onda que genera esto del running. Fonvigo, Koala36, Ex_chema, Adrián y Ferraduro, no somos personajes de un cómic de ficción, pero casi. Y, de forma asombrosa, aunamos nuestras fuerzas por un fin común que sólo está en nuestra imaginación; que tiene bastante que ver con el carácter competitivo del ser humano, pero muy poco (y ahí está lo bueno, creo yo) con la cultura materialista que invade nuestras vidas. Gozamos como niños de nuestras minúsculas proezas, compartimos experiencias, nos alentamos y aconsejamos, nos ayudamos en lo posible, y, lo que es más importante: jamás nos reprochamos nada. Vamos, que hagamos lo que hagamos es un éxito para nosotros. Simplemente genial.
Y de no tener ningún equipo hace unos meses, a tener tres, pues hace unos días recibí el alta federativa de la mano del Club Coruña Comarca. Son varios los amigos que forman parte del mismo, y espero hacer todavía más. Me hace ilusión participar en pruebas federativas (tanto en pista como en cross), y seguir exprimiendo, así, todas las posibilidades que brinda este deporte. Todavía no me he estrenado (ni siquiera tengo equipación todavía), así que poco más que contar por ahora.Otro día contaré...
Hace unos meses, cuando empecé a entrenar con los CARSantiago, en cierto modo me adherí a un grupo de personas que se organizan casi como tal, a la hora de entrenar y de compartir vivencias a lo largo de la semana. Cada día disfruto más de la compañía de este grupo humano, que tanto me hace crecer como "deportista" y como persona.
Por otra parte, y como muchos sabéis, en el Circuito de de Correr en Galicia "compiten" multitud de equipos por un premio imaginario (que esta mucho más cerca de la honrilla de sus componentes, que de lo meramente material). Recuerdo, como si fuera hoy, que a través de un amigo forero fiché in extremis por "Os camisolas molladas", a principios de temporada. Escéptico al principio, me ha ido sorprendiendo cada día la interrelación generada entre los componentes de este quinteto, y con la buena onda que genera esto del running. Fonvigo, Koala36, Ex_chema, Adrián y Ferraduro, no somos personajes de un cómic de ficción, pero casi. Y, de forma asombrosa, aunamos nuestras fuerzas por un fin común que sólo está en nuestra imaginación; que tiene bastante que ver con el carácter competitivo del ser humano, pero muy poco (y ahí está lo bueno, creo yo) con la cultura materialista que invade nuestras vidas. Gozamos como niños de nuestras minúsculas proezas, compartimos experiencias, nos alentamos y aconsejamos, nos ayudamos en lo posible, y, lo que es más importante: jamás nos reprochamos nada. Vamos, que hagamos lo que hagamos es un éxito para nosotros. Simplemente genial.
Y de no tener ningún equipo hace unos meses, a tener tres, pues hace unos días recibí el alta federativa de la mano del Club Coruña Comarca. Son varios los amigos que forman parte del mismo, y espero hacer todavía más. Me hace ilusión participar en pruebas federativas (tanto en pista como en cross), y seguir exprimiendo, así, todas las posibilidades que brinda este deporte. Todavía no me he estrenado (ni siquiera tengo equipación todavía), así que poco más que contar por ahora.Otro día contaré...
sábado, 8 de mayo de 2010
La mayor emoción
Hace unos meses, un buen amigo decidió ponerse a correr. No sé hasta qué punto pudo influir en él lo bien que se me ve desde que practico este deporte. El caso es que Álvaro -que así se llama- se fue un buen día a la tienda de deportes, se compró lo básico para empezar, y se puso a correr. Con pequeños altibajos, siempre derivados de sus circunstancias familiares y profesionales, ha ido logrando engancharse a esto. Y, como todo los runners saben, esto significa que está logrando superar la fase más difícil del proceso.
Hace apenas un mes, Montse se ha puesto también a ello. Para ella, se trata de algo más que hacer ejercicio de cara al verano. Más bien, correr se ha convertido en un reto personal que depure su cuerpo, pero sobre todo su mente. Parece que funciona. Cuántas veces me habrá acompañado ella -como fiel amiga y esposa- a las carreras. Cuántas veces se habrá empapado de las emociones que se sienten en cada prueba, por modesta que esta sea. Desde hace un par de años, ella y Mateo (nuestro hijo) me acompañan, animan y besuquean sin importarles el resultado. Entienden perfectamente lo que disfruto participando en ellas, y compartiendo con muchos colegas los kilómetros que sean.
Álvaro y Montse van por buen camino. Están pasando cada una de fases del "novato": ahogo al arrancar, preocupación excesiva por el crono, necesidad de saber el kilometraje exacto que han hecho, inquietud por cómo será su primera carrera...
Calma y paciencia, les digo, al tiempo que les animo -ahora también desde este blog- a continuar así. Van muy bien, la verdad. Ya estoy deseando verlos cruzar su primera línea de meta. Conversar con ellos en ese momento de éxtasis. Cierro los ojos y puedo imaginar esos instantes perfectamente, incluso puedo adivinar exactamente las palabras que, entre jadeos y tragos de agua, me dirán.
¡Qué emoción se siente al terminar la primera carrera! Ninguna prueba posterior, a pesar de lo mucho que se mejora con los años de entrenamiento y de los logros que se van consiguiendo, se puede comparar, ni de lejos, a esa primera vez.
Hace apenas un mes, Montse se ha puesto también a ello. Para ella, se trata de algo más que hacer ejercicio de cara al verano. Más bien, correr se ha convertido en un reto personal que depure su cuerpo, pero sobre todo su mente. Parece que funciona. Cuántas veces me habrá acompañado ella -como fiel amiga y esposa- a las carreras. Cuántas veces se habrá empapado de las emociones que se sienten en cada prueba, por modesta que esta sea. Desde hace un par de años, ella y Mateo (nuestro hijo) me acompañan, animan y besuquean sin importarles el resultado. Entienden perfectamente lo que disfruto participando en ellas, y compartiendo con muchos colegas los kilómetros que sean.
Álvaro y Montse van por buen camino. Están pasando cada una de fases del "novato": ahogo al arrancar, preocupación excesiva por el crono, necesidad de saber el kilometraje exacto que han hecho, inquietud por cómo será su primera carrera...
Calma y paciencia, les digo, al tiempo que les animo -ahora también desde este blog- a continuar así. Van muy bien, la verdad. Ya estoy deseando verlos cruzar su primera línea de meta. Conversar con ellos en ese momento de éxtasis. Cierro los ojos y puedo imaginar esos instantes perfectamente, incluso puedo adivinar exactamente las palabras que, entre jadeos y tragos de agua, me dirán.
¡Qué emoción se siente al terminar la primera carrera! Ninguna prueba posterior, a pesar de lo mucho que se mejora con los años de entrenamiento y de los logros que se van consiguiendo, se puede comparar, ni de lejos, a esa primera vez.
miércoles, 14 de abril de 2010
Vigbay 2010
De camino comentamos la última hora y media de nuestras vidas.
Nos vamos a duchar al Hotel de siempre.
Llega contento a medias. Es la tónica general. Llega con cara de agotamiento.
Espero a Javi. Sentado, escucho el intercambio de opiniones, cruces de palabras, mensajes de enhorabuena, de ánimo, de "otra vez será", de "hoy no era el día", incluso de "¡cómo me gusta el calor!". Una multitud se agolpa en el panel de resultados para ver en primicia las clasificaciones, todavía oficiosas.
Acuarius, yogur, plátano, roscón, kiwi, agua... Viandas para los "valientes".
¿Este señor se referirá a mí? Alguien jalea por megafonía "Este corredor entra como una flecha".
He mejorado mi objetivo: ¡BRAVO!
1:24:28
Gritos de ánimo para mi sprint final.
El principio del paseo marítimo indica que la meta está cerca. Queda un último esfuerzo.
Mi Mujer y mi Hijo gritándome en la puerta del Hotel (trago en seco, pues no me queda saliva).
Sabarís siempre se me hace larguísimo, parece no terminar nunca, pero hoy he regulado correctamente las fuerzas, voy bien.
Este puente indica la entrada en el último sector de la Carrera, ¡ya queda poco! ¡Vamos! ¡Voy bieeeeen! ¡Venga!
Esponjas en el suelo, multitud de gente gritando, animando, llamándome por mi nombre (gracias a la inscripción del dorsal). No cojo esponja, no quiero romper el ritmo.
La Playa se termina, por fin. Unas cheerleaders nos animan lo indecible, ¡cómo mola! ¡Gracias!
Gente parada, gente andando, gente corriendo mucho más despacio de lo habitual, jadeos, sudoraciones, dehidratación, malos pensamientos... Pienso que he hecho lo correcto al reducir velocidad en el kilómetro 5. Cada vez estoy más convencido, porque, aunque queda mucho, voy bien.
El entrenamiento se nota. He pasado la cuesta de siempre mucho más fácil de lo habitual.
Busco la velocidad de crucero que me permita llegar a los kilómetros finales de forma óptima. Intento no beber ni coger esponjas. No estoy acostumbrado y me rompe el ritmo.
¡A 3:45! Gracias, pero no. Hay que reducir la marcha. Pregunto a un conocido el ritmo que llevamos.
Las vueltas a Samil son un espectáculo. Más de 3.000 corriendo en carrusel. Me gustaría verlo desde el aire, pienso.
La gente anima con todas sus fuerzas. Amigos, familiares y público en general están entregados ante tamaño despliegue organizativo y respuesta popular.
Con esta llevamos 7. No está mal, reflexionamos. El pistoletazo de salida nos pilla por sorpresa, hablando, quitando los miedos y los nervios, deseándonos suerte los unos a los otros, despejando las últimas dudas a los primerizos...
Busco un sitio apropiado y lo menos incívico posible. Ya se sabe lo incómoda que es esa sensación. Necesito mear.
Paso de calentar más, ¿para qué? ¡Con el calor que hace! Se hace imposible correr 10 metros seguidos sin esquivar a alguien, o sin encontrar a algún colega que te haga parar a saludar.
Me lo tomo casi de golpe, no hay tiempo que perder. Pido un café solo en la cafetería de siempre.
¿Has visto, Javi? Cada año hay más gente. ¡Esto es una fiesta!
Muchas gracias por todo, le digo. Pago y deseo al chófer buen día.
En la puerta del Hotel nos espera, puntualmente, el taxista que habíamos contactado el día anterior para llevarnos a Vigo.
Últimos detalles. Repaso que llevo todo: chip, dorsal, gorra...
Los ojos se me humedecen. Escucho el "¡¡¡mano Papi!!!" de mi Hijo. Me despido de Montse y de Mateo.
Desayuno prácticamente lo mismo de todos los días. Para qué cambiar...
El buffet está repleto de cosas. Llego al comedor de la planta baja.
Cojo el ascensor. Salgo sigilosamente de la habitación 117. Procuro no despertar a nadie.
Parece que he descansado bien...
El despertador suena implacable: las 7:50 a.m.
Me acuesto pensando: ¿hará mañana tanto calor? ¿cómo plantearé la carrera? ¿conseguiré mi objetivo?
Me despido de Javi y de su familia.
Al llegar al Hotel comentamos los últimos detalles antes de retirarnos a descansar. En dos días repasamos nuestras participaciones en la Vig-Bay. Cada año sumamos anécdotas, vivencias, sensaciones, logros, decepciones, pero, sobre todo: ganas de volver.
miércoles, 31 de marzo de 2010
E-mail al CARSantiago
Enhorabuena a todos. ¡Qué grupo tan multidisciplinar y aplicado! Así da gusto.
En cuanto a mi hazaña dominical... por llamarla de alguna manera, consistió, primeramente, en perderme la cabriolada de Manuel y Mocho (¡cómo me hubiera gustado!), pero mi débil y muy tardío S.O.S. se perdió en el océano de Internet... Otro día será. Por ello, no me quedó más remedio que "montunear" solo. Y es que sí, queridos colegas, parece que finalmente he sucumbido a la llamada de la selva. Vamos, que me empieza a atraer mucho lo de los recorridos arbóreos, las cuestas interminables, los caminos inventados y el barro hasta las orejas. Puse a prueba mis piernas en las pistas del Pedroso. Subí hasta la cima por un lado, bajé por otro, volví a subir por un camino nuevo (hasta llegar al otro repetidor), y bajé por los que había subido en primer lugar, para emprender la vuelta a casa. Un total de 1:37:15.
Desde lo alto de este promontorio, como ya sabéis, se puede disfrutar de manera privilegiada, y a vista de pájaro, de la comarca compostelana (incluso más allá). Pero, por encima de esta visión, siempre desbordante en lo que a lo sensiorial se refiere, estuvieron algunas otras sensaciones. La primavera asomaba, con fuerza, en cada rincón del paisaje, y, desde mi atalaya, podía observar cómo las nubes y claros ensombrecían o alumbraban zonas de terreno de forma aleatoria y dinámica, proporcionando un auténtico espectáculo lumínico. Los pájaros (quién sabe cuáles) celebraban alegremente la llegada del solsticio. Jóvenes insectos alados -en prácticas de vuelo todavía- seguían mi chillón cortavientos con ansia desmedida. A veces, entre zonas de bosque quemado, que conformaban angustiosas hileras de troncos inertes y tiznados, se entreveían zonas frondosas y verdes pobladas de flores amarillas que, al ser bañadas por el sol, impactaban sobremanera a la vista, mostrando, presumidas, su fulgor. ¡Qué grandiosa metáfora del Mundo!, la de la vida nueva e imparable tras un paisaje de muerte y desolación...
¡Ay! ¿para qué pedís crónicas? Uno, que es sensible (y un poco cursi), se emociona y escribe lo que escribe.
Os veo mañana, donde siempre.
En cuanto a mi hazaña dominical... por llamarla de alguna manera, consistió, primeramente, en perderme la cabriolada de Manuel y Mocho (¡cómo me hubiera gustado!), pero mi débil y muy tardío S.O.S. se perdió en el océano de Internet... Otro día será. Por ello, no me quedó más remedio que "montunear" solo. Y es que sí, queridos colegas, parece que finalmente he sucumbido a la llamada de la selva. Vamos, que me empieza a atraer mucho lo de los recorridos arbóreos, las cuestas interminables, los caminos inventados y el barro hasta las orejas. Puse a prueba mis piernas en las pistas del Pedroso. Subí hasta la cima por un lado, bajé por otro, volví a subir por un camino nuevo (hasta llegar al otro repetidor), y bajé por los que había subido en primer lugar, para emprender la vuelta a casa. Un total de 1:37:15.
Desde lo alto de este promontorio, como ya sabéis, se puede disfrutar de manera privilegiada, y a vista de pájaro, de la comarca compostelana (incluso más allá). Pero, por encima de esta visión, siempre desbordante en lo que a lo sensiorial se refiere, estuvieron algunas otras sensaciones. La primavera asomaba, con fuerza, en cada rincón del paisaje, y, desde mi atalaya, podía observar cómo las nubes y claros ensombrecían o alumbraban zonas de terreno de forma aleatoria y dinámica, proporcionando un auténtico espectáculo lumínico. Los pájaros (quién sabe cuáles) celebraban alegremente la llegada del solsticio. Jóvenes insectos alados -en prácticas de vuelo todavía- seguían mi chillón cortavientos con ansia desmedida. A veces, entre zonas de bosque quemado, que conformaban angustiosas hileras de troncos inertes y tiznados, se entreveían zonas frondosas y verdes pobladas de flores amarillas que, al ser bañadas por el sol, impactaban sobremanera a la vista, mostrando, presumidas, su fulgor. ¡Qué grandiosa metáfora del Mundo!, la de la vida nueva e imparable tras un paisaje de muerte y desolación...
¡Ay! ¿para qué pedís crónicas? Uno, que es sensible (y un poco cursi), se emociona y escribe lo que escribe.
Os veo mañana, donde siempre.
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